Entrevista a Agenda Pública, Astrid Barrio, eldiario.es

Entrevista a Miquel Iceta en Agenda Pública, Astrid Barrio, eldiario.es, 16.05.13

“El sistema de primarias para elegir candidatos debería ser la norma y no la excepción”

Uno de los temas que más hemos analizado en Agenda Pública es el de la necesaria renovación de los partidos y de sus sistemas de selección de candidatos. En la conversación ‘El futuro de los partidos: ¿transformación o desaparición?’, Joan Botella y Jaume Collboni debatieron sobre la necesidad de cambio en las organizaciones políticas, y en ‘Primarias: ¿ciudadanía o militancia?’, Miquel Pérez Moneo, Óscar Barberá y Astrid Barrio analizaron los pros y contras de los sistemas de primarias como principal elemento de cambio en los procesos de selección política.

En esta ocasión es precisamente Astrid Barrio quién guía esta conversación con Miquel Iceta, Director del Departamento de Análisis del Gabinete de la Presidencia del Gobierno de España con Narcís Serra (1991-1995), actual secretario primero de la Mesa del Parlament de Catalunya, diputado del PSC y Presidente de la Fundació Rafael Campalans, sobre la crisis de representatividad, la idoneidad de las primarias, y los distintos retos que tendrán que afrontar los partidos políticos para garantizar su supervivencia.

Astrid Barrio (AB): Me gustaría que en la medida de lo posible nos centremos en dos temas muy concretos. Primero, ¿cuáles deben son los requisitos de un buen político? Y segundo, ¿cómo hacen los partidos para tratar de buscar buenos políticos? Hace poco Agenda Pública publicó “Selección de políticos: administrando la miseria”, un post de Pablo Simón muy crítico con la selección de políticos que me hizo pensar en cómo podemos medir la capacidad de un político. ¿Qué es un buen político?

Miquel Iceta (MI): Un buen político es alguien que ejerce la función para la que ha sido elegido como representante, participa de forma activa en el debate político, y si tiene responsabilidades de gobierno pues es capaz de aplicar sus compromisos y de cambiar las cosas en el sentido que se ha comprometido con la ciudadanía.

AB: Es interesante el término de la representación, ¿qué se supone que representa un político?

MI: Debe representar la voluntad de los electores. Y para hacerlo bien pues debe ser coherente con el programa con el que se ha presentado ante ellos en la campaña electoral. Por otro lado, los partidos incorporan unos valores y a este político se le supone afín a esos valores que también lo han hecho merecedor de la confianza de los ciudadanos.

Está claro que un político ha de saber en que mundo vive, a dónde quiere llevarlo, las preocupaciones de sus electores, y ha de ser capaz de trasladarlo a la esfera política. Un político tiene que ser también un mediador entre la sociedad y las instituciones. Tiene que ser permeable, comunicar bien, la gente debe entender lo que dice y lo que hace. Eso en estos momentos de incertidumbre es más importante que nunca.

AB: Pero ahora mismo una de las grandes críticas que se plantean es que los partidos o los líderes políticos no representan. ¿Cómo intentáis los partidos políticos cumplir esta función? ¿Cómo se seleccionan los candidatos y los cargos internos de los partidos?

MI: No creo que en los partidos haya un especial esfuerzo en buscar talento fuera y es evidente que ese es uno de los déficits que hay. En general los que están dentro son reticentes a buscar otros para cargos que ellos podrían ocupar. Esto es exactamente igual que en cualquier otra organización como por ejemplo ser una empresa. Entonces, dentro de la gente disponible, que cada vez es menos, pues intentan buscar al que pueda desarrollar mejor la tarea que se le confía pero también que estén en sintonía con quién manda en el partido. Y obviamente esto introduce un sesgo en la selección interna.

AB: ¿Es importante la formación académica para un partido? ¿Y la formación política?

MI: Nosotros en el PSC tenemos una formación muy básica, ahora bien, no todos los que llegan a puestos de responsabilidad política han pasado por esos procesos. Pero aquí lo más importante es la experiencia. Por ejemplo, ¿qué hace que un diputado sea bueno? Porque un político puede ser muy bueno en su tema y no ser buen diputado porque no es capaz de crear consensos, no tiene una buena relación con los sectores con los que debe tener una interlocución fluida, etc. Esto es importante entenderlo, la capacidad del diputado para hacer bien su trabajo solo se adquiere con la experiencia. Cuando un político llega al Parlamento su primera legislatura nunca es la mejor.

AB: Con esto estás diciendo que se debe defender la profesionalización de la política frente a una sociedad que parece que pide justo lo contrario…

MI: Es que a un político le pedimos de todo. Le pedimos que sea nuevo pero que tenga mucha experiencia, le pedimos que no haga mucho ruido pero que se haga notar, que se pelee pero que no aparezca como un broncas, etc. Sí, ahora hay una demanda de renovación pero curiosamente algunas de las figuras más bien valoradas, como Stéphane Hessel o José Luis Sampedro, eran muy mayores. En Italia el presidente de la República, Napolitano, tiene 87 años. También recuerdo que en el penúltimo congreso del SPD el discurso que tuvo un mayor impacto fue el de Helmut Schmidt, que tampoco es precisamente joven. Todo esto, ¿por qué? Pues porque en el fondo también hay un aprecio a la experiencia.

A los políticos se les pide de todo, igual que a los partidos políticos. Se les pide que tengan mucho debate interno pero al mismo tiempo cuando lo tienen se dice que están muy divididos, y que por tanto no merecen la confianza para gobernar. Las demandas ciudadanas pueden ser muy variadas y a veces contradictorias entre sí. Lo que es evidente es que tiene que haber de todo. La política debe tener un grado de profesionalidad pero también se debe renovar, se debe tener una personalidad fuerte y a la vez tener empatía, hacen falta liderazgos fuertes y a la vez capacidad de trabajar en red.

Pero volviendo al tema de la representatividad. Dicen “los políticos no representan”. Pues depende. Si se mide por los votos que tienen detrás representan bastante más que quien dice que “no nos representan”. Pero por otro lado es verdad que hay una percepción de que los políticos viven en un mundo aparte, y además nadie sabe muy bien quién los ha elegido. Esto es por culpa del sistema de listas cerradas y bloqueadas. Espero que se acabe aprobando un sistema de listas como el alemán que al menos permita que haya diputados de distrito, que tendrán una relación forzosamente más estrecha con sus electores, y tendrán que adquirir méritos con sus representados y no solo con la gente del partido.

AB: ¿Esto podría complicar mucho la vida interna de los partidos?

MI: Sí pero es que hay que perder el miedo. Al final los partidos son instrumentos de la sociedad y viven de esta desde muchos puntos de vista, empezando por la financiación que es pública en su mayor parte. Tienen que ser mucho más democráticos de lo que son. El sistema de primarias para elegir candidatos debería ser la norma y no la excepción. Y si hiciéramos un sistema electoral con candidatos de distrito, lo normal sería que estos también fueran elegidos por un sistema de elecciones primarias. Es evidente que ha de haber bastante más pasarelas entre los partidos políticos y la sociedad.

AB: Pero igual el hecho de establecer el sistema de primarias abiertas pone en duda el papel de los militantes, en el sentido de que les quita margen de decisión en uno de aquellos pocos temas en los que podrían influir directamente.

MI: Vamos a ver, ¿cuál es la función de un partido? Relacionarse con la sociedad, generar ideas y programas, y reclutar el personal político. Desde el punto de vista de la relación con la sociedad los militantes son imprescindibles e irremplazables. Desde el punto de vista del debate interno de ideas también son imprescindibles e irremplazables. Estamos hablando solo de la tercera cosa, la selección del personal político. Por un lado están los responsables políticos del partido, sobre los cuales deciden los militantes. Y por otro los que han de estar en contacto con la sociedad, a los que ahora se plantea que los ciudadanos también intervengan en su selección. Yo no creo que el militante esté perdiendo tanto pero sí que está aceptando que de alguna manera no es el propietario de una marca, sino que en todo caso es una especie de franquiciado.

AB: Es curioso porque muchas de las críticas que ahora se plantean a los partidos ya estaban en el estudio clásico que Michels hizo del SPD en 1911.

MI: Ya me gustaría a mí que los partidos fueran ahora como los que criticaba Michels en el sentido de militancia mucho más numerosa, presencia social muy activa, de ser centro de una constelación de organizaciones sociales y a veces incluso económicas. Ahora en cambio ni han conseguido ser un partido de todo el pueblo, ni tampoco son tan representativos de un sector concreto.

AB: Ahora la sociedad es mucho más plural y está más segmentada.

MI: Justamente por eso creo que es importante que existan más pasarelas entre partidos y ciudadanía. Cuando los partidos ya no son representantes de un sector sino que pretenden representar a ciudadanos muy diversos, la única manera de garantizar eso es abrir pasarelas. Esto se consigue con las primarias.

También es verdad que las primarias no pueden ser vistas como una especie de agua bendita que todo lo cura. El caso italiano es el mejor ejemplo. El PD está en una crisis brutal y probablemente sea el partido más democrático que hay. Su problema no es solo de participación, también es de pensamiento. Si uno intenta meter en un mismo partido a un ex-demócrata cristiano y a un ex-comunista, tarde o temprano va a tener un problema de coherencia ideológica. No es solo un problema de ponernos de acuerdo en quiénes nos representan, también tenemos que saber qué queremos representar.

AB: ¿Y se pueden construir pasarelas ideológicas?

MI: Los partidos han de ser capaces de discutir con todos aquellos que quieran. Lo que pasa es que luego igual descubren que la gente que quiere participar en una discusión política es la que es. Pero en fin, hay que abrir la discusión porque al fin y al cabo un partido responde a una sensibilidad social, no solamente a una ideología que si se mantiene congelada o inalterable en el tiempo deja de ser útil. Ahora con la situación de crisis esto es más importante que nunca. O los partidos son capaces de renovarse, o sencillamente serán sustituidos por otros porque ya no responderán a unas demandas ciudadanas que son muy distintas a las de hace veinte años.

AB: Respecto a esta capacidad de adaptación, ¿los partidos han de ofrecer respuestas, y por tanto mantener dogmas ideológicos? ¿O la sociedad ha evolucionado, no está tan dogmatizada, y las ideologías han perdido capacidad para definir el mundo?

MI: Una sociedad muy líquida, como se la define muchas veces, necesita de algunas referencias sólidas. Si un partido socialista se define por su aprecio a la igualdad y a la justicia social, merece la pena que eso guíe siempre sus políticas porque eso proporciona una referencia. Le da al ciudadano una pista de lo que va a hacer ése partido. Otra cosa es que ahora nos encontremos con que todos los partidos defienden un programa y luego cuando gobiernan lo incumplen.

AB: No me refería tanto a definición de ideales como a capacidad de resolución de los conflictos.

MI: Pero en eso los partidos sí que se están moviendo, sobretodo porque ahora la sociedad proporciona soluciones. Aquí para muchas leyes que hacemos lo primero es pedir comparecencias. Creo que eso es muy bueno. Hay gente que lo considera un trámite pero yo creo que es muy importante porque es cuando los partidos reconocen que no lo pueden saber todo. Y es cierto que los partidos cada vez están más dispuestos a aprovechar el conocimiento que surge en universidades, think tanks, grupos de presión, etc. Los partidos están aprendiendo a discutir mejor internamente, a discutir mejor con otros, e incluso a aceptar mejor los puntos de vista de otros que, por las razones que sean, conocen mejor una cuestión concreta. En esto sí que están espabilando.

AB: ¿Esto no nos lleva a que la política pueda sucumbir a la técnica?

MI: No porque al final la decisión siempre será del político. Al técnico nadie le va a pedir responsabilidades, al político sí. Hay ese equilibrio necesario. Para decidir hay que conocer pero la decisión final es tuya porque solo a ti te van a poder pedir responsabilidades por los efectos de esta decisión.

AB: ¿Los partidos siguen cumpliendo las funciones básicas y las van a seguir ejerciendo?

MI: Creo que sí. Lo que no sé es si en el futuro serán los mismos partidos. Es verdad que los partidos son como organismos vivos y si dejan de cumplir sus funciones pues desaparecen. Habrá partidos igual distintos a los que hoy conocemos, incluso quizás algunos de los que hoy conocemos no sobrevivirán a ésa mutación, pero en todo caso lo que han de hacer es evidente: necesitan mayor presencia sobre el terreno, mayores capacidades de comunicar, más pasarelas para que la ciudadanía entienda que los partidos están a su servicio y que puede participar en ellos y en sus decisiones, y por supuesto cualificar mejor a su personal.

La sociedad se ha vuelto más compleja y una cierta profesionalización de la política es inevitable. Otra cosa es que esto choque con lo que comentábamos antes de la necesidad de renovación. Pero es que todos necesitamos referencias, incluso los movimientos sociales. Fíjate en el caso de la PAH. Quizás sea injusto, porque hay mucha gente trabajando en la sombra, pero el tema es que la mayor parte de la ciudadanía a la PAH gracias a Ada Colau y a su presencia en los medios. Es necesario un cabeza visible. ¿Se construye de un día para otro? Creo que no. La propia Colau ya llevaba tiempo trabajando para todo esto. Debemos ser capaces de encontrar el equilibrio entre la renovación necesaria y la adquisición de la experiencia que no es menos importante.

Per una reforma constitucional federal

Por una reforma constitucional federal
ABC, 16.05.12

Hoy mismo la Fundació Rafael Campalans presenta públicamente el documento “Por una reforma constitucional federal”, que hemos elaborado y discutido en el marco de un seminario reducido. Nuestra modesta aportación tiene el ambicioso objetivo de impulsar un debate abierto sobre una cuestión que es para nosotros tan importante como inaplazable. Por un lado, debemos revisar a fondo el Estado de las Autonomías nacido de la Constitución de 1978 y, por otro, pensando en las relaciones entre Cataluña y el resto de España, debemos proporcionar una solución a los actuales problemas pues ni podemos seguir como estamos ni debemos aceptar como inevitable una ruptura.

Somos muchos los que creemos desde hace mucho tiempo que el pleno desarrollo del Estado de las Autonomías debe culminar, 35 años después, en un Estado federal, que garantice al mismo tiempo la unidad de España y el respeto a la diversidad de los pueblos que la integran, el autogobierno de las Comunidades Autónomas y la integración política del Estado.

En resumen casi telegráfico, proponemos: 1) la definición de España como Estado federal. 2) El reconocimiento de que España es una nación que integra naciones, nacionalidades y regiones. 3) La definición precisa de las competencias del Estado y de las pautas sobre su ejercicio y la atribución de todas las demás competencias a las CCAA. 4) El reconocimiento de una asimetría competencial que atienda a los hechos diferenciales y los derechos históricos ya reconocidos por la Constitución y los Estatutos vigentes. 5) La consideración de los temas lingüísticos y culturales como competencia explícita de las CCAA con lengua propia. 6) La constitucionalización de los principios de solidaridad y ordinalidad que han de informar la financiación de las CCAA. 7) La descentralización efectiva del poder judicial. 8) La transformación del actual Senado en un Consejo Federal integrado por los gobiernos autonómicos.

En la web reformafederal.info se encuentra el documento y materiales para el debate. Un debate al que invitamos a todos quienes quieran aportar soluciones.

Quelcom s’ha trencat

Algo se ha roto
EL SIGLO, 6.05.13

“Un país devastado”. Así titulaba recientemente Joaquín Estefanía un artículo sobre el paro en España y las propuestas del Gobierno para la reactivación económica, y añadía que “de las 72 reformas anunciadas no hay ninguna que tenga efectos directos e inmediatos sobre el crecimiento económico, la mortandad de empresas y la creación de puestos de trabajo”. El país está devastado mientras el panorama para salir de la crisis que el Gobierno nos ofrece es desolador.

Los 6,2 millones de parados son algo más que el peor dato de la historia. Son 6,2 millones de dramas, de historias con nombres y apellidos, de personas a quienes se ha de proporcionar una esperanza, sin ceder al derrotismo ni a la impotencia. Y hay que hacerlo con urgencia porque si algo no hay en estos momentos es tiempo para la paciencia.

Y paciencia es lo que pide Rajoy para estos 6,2 millones de parados. Artur Mas, a los 900.000 catalanes en esta situación, no les ofrece mucho más. Más bien al contrario, Artur Mas preside un Gobierno sin iniciativa económica ni política más allá de iniciar los fastos del tricentenario de 1714 con un año y medio de antelación, y de preparar las estructuras de un Estado propio sobre el que la ciudadanía no ha tenido la oportunidad de pronunciarse.

En España y en Cataluña, los gobiernos han tirado la toalla. Y de las declaraciones de sus dirigentes se trasluce más interés por su agenda ideológica y partidista que por defender los más básicos derechos de los ciudadanos. La desidia gubernamental en España y en Cataluña ha hecho olvidar a quienes tienen la responsabilidad de ofrecer soluciones, que los habitantes de un país, sea éste independiente, centralista, autonómico, federal o como quiera que se organice, son antes que nada, ciudadanos. Y que los derechos de ciudadanía son los primeros que hay que proteger. Pero la evidencia camina en sentido contrario. Se restringen derechos individuales en aras de planteamientos ideológicos o futuribles independentistas que ni siquiera se atisban.

Que la crisis no se vio venir es una evidencia. Que los gobiernos de izquierdas que gobernaban al inicio de la crisis pudieron hacer más, también. La ciudadanía nos lo ha recordado de manera recurrente en cuantas elecciones se han sucedido de 2008 hasta hoy. Pero llegados a este punto, mirar al pasado, echar las culpas a otro, eludir las propias responsabilidades, al margen de simplista e injusto, es totalmente improductivo y hasta obsceno. Porque lo que falta en este momento es capacidad de liderar un auténtico cambio de rumbo en las políticas económicas y sociales. Y excluir del debate las agendas partidistas para salvaguardar un bien superior, que no es otro que el retorno a un nivel de crecimiento que reduzca drásticamente el drama del paro.

Pero sobre todo lo que hace falta es conectar a los gobernantes a la realidad. O, dicho de otro modo, si los actuales gobernantes desconocen o ignoran la realidad, si hablan para que no se les entienda o si no se dirigen a los ciudadanos que peor lo están pasando, que vengan otros que sí lo hagan. Si prefieren pelearse entre ellos a buscar juntos las mejores soluciones a los problemas que afectan a tantos, que otros les sustituyan.

Hace pocos días, en un artículo que publiqué en El Periódico de Catalunya avisaba: “Hemos de retornar al principio de realidad”. Lo decía en relación a la actual deriva política del Gobierno de Artur Mas, pero lo mismo sirve para Mariano Rajoy. Atender al principio de realidad es la primera obligación de un político.

Algo se ha roto y, de seguir así, bastantes más cosas se van a romper. Si no somos capaces de establecer los consensos básicos para salir de este socavón, habremos perdido la oportunidad histórica de demostrar que la política democrática, por imperfecta que sea, es todavía la mejor opción para tratar los problemas, para regir la vida en sociedad.

Es necesario y urgente recomponer el vínculo entre gobiernos, partidos políticos, agentes sociales, medios de comunicación, asociaciones y ciudadanos. Sólo así podremos arreglar lo que está roto, evitar que el tejido social se siga rompiendo y honrar el mandato por el que los políticos son elegidos, que no es otro que defender los intereses y derechos de los ciudadanos y ciudadanas.

Ja està tot decidit?

Ja està tot decidit?
intocabledigital.cat, 3.05.13

El President Mas ha convocat els partits i institucions que hem donat suport al dret a decidir a una cimera el proper dilluns. El PSC hi anirà per a donar veu a aquells que volen decidir el futur de tots però que no volen la independència. Volem reclamar joc net però les cartes semblen marcades per aquells que pensen que dret a decidir i consulta en favor de la independència són sinònims. El president Mas, presoner d’ERC, sembla pensar només en fer avançar el procés independentista embolcallat en la “transició nacional”.

Mas té presa en enllestir els preparatius de la seva particular interpretació del dret a decidir, una consigna segrestada i patrimonialitzada per un projecte independentista. Només així s’entén que abans de constituir la Comissió d’Estudi sobre el dret a decidir al Parlament, abans d’impulsar el Pacte Nacional pel Dret a Decidir del que parlen alguns, ja hagi arrencat el Consell Nacional de Transició. Sembla evident que es pretén construir estructures d’Estat abans que la ciutadania s’hi hagi pronunciat. Es vol començar la casa per la teulada, vaja.

Resulta altament preocupant que Mas corri a citar els partits, sindicats, i societat civil per impulsat el dret a decidir, mentre va ajornant la cimera social que va proposar Pere Navarro. Mentre s’anuncien més de 900.000 aturats a Catalunya, el president dedica més temps a la “transició nacional” que al drama social i laboral del nostre país. Quan més caldria cercar l’acord amb el Govern d’Espanya sobre la flexibilització dels objectius de dèficit i dels terminis per assolir-los, quan més caldria posar-se d’acord en un nou model de finançament que respectés l’ordinalitat, quan més caldria acordar estratègies de creixement econòmic, creació d’ocupació i suport a les persones, famílies i empreses que ho passen més malament, s’opta per la via del conflicte i del carreró sense sortida.

El president Mas ja ha decidit, però la seva decisió no només és errònia sinó que ens perjudica a tots.

Un govern sense nord

UN GOBIERNO DESNORTADO
ABC, 18.04.13

Con este son ya cien los artículos que he publicado en el diario ABC comentando la situación política y defendiendo mi particular visión de las cosas. En esta ocasión, vuelvo a señalar la profunda decepción que produce la presente etapa de gobierno de CiU que, superada la simbólica línea de los cien primeros días, certifica cada día que pasa un fracaso clamoroso, una desorientación sin remedio y una sensación creciente de callejón sin salida.

Cien días sin presupuesto, sin negociar el nuevo modelo de financiación, sin acuerdo sobre la necesaria flexibilización del objetivo de déficit, con una cumbre económica suspendida y con graves problemas de tesorería que son trasladados a familias, proveedores, farmacéuticos, ayuntamientos y sectores concertados de la sanidad y la educación. Un triste balance de más paro, más recortes y más deuda.

Impotente frente a la crisis y sus graves efectos sociales, el gobierno del president Mas parece encontrar en la pirotecnia verbal el refugio para eludir sus responsabilidades. Frente a cualquier problema el gobierno, lejos de actuar, encuentra fácil escape en una doble fórmula: “España, culpable” y “cuando tengamos un Estado propio no tendremos problemas”.

Un culpable y una solución mágica. Y si la justicia indaga sobre presuntas irregularidades que afectan a su partido o a alguno de sus dirigentes, se habla de ‘conspiración de los poderes del Estado’ y de ‘ataque a los símbolos de Cataluña’.

El derecho a decidir, la transición nacional y las estructuras de Estado son el ungüento mágico que todo lo cura. Poco importa que nadie parezca saber muy bien de qué habla: sólo así se explica la cacofonía organizada en pocos días por Mas, Duran, Homs y Gordó. Quizá sólo se trata de eso, de confundir al personal y de achacar a los demás las propias responsabilidades. Pero nunca hemos estado peor.

Claredat

CLAREDAT
EL PERIÓDICO DE CATALUNYA, 15.04.13

He parlat sovint de la necessitat de retornar al principi de realitat, massa sovint absent de la política catalana, atrapada en una visió al mateix temps essencialista i immediatista de les coses, que conrea de forma obsessiva debats que massa sovint no coincideixen amb els problemes que més angoixen els ciutadans, i que troba en qüestions metafísiques el refugi davant la realitat d’una crisi profunda (no només econòmica) que ens aclapara a tots.

La política catalana tampoc no va sobrada de claredat. Sense anar més lluny, el Govern de la Generalitat acaba de crear un Consell Assessor per a la Transició Nacional, sense definir en què consisteix la “transició nacional”, es parla d’Estat propi, de creació d’estructures d’Estat, però s’evita en tot moment de parlar d’independència. ¿No és el mateix? I, si ho és, ¿per què s’intenta defugir la qüestió? El mateix ens passa amb el dret a decidir: ¿és o no és un referèndum sobre la independència? Si Catalunya fos realment “un subjecte polític i jurídic sobirà”, tal com manifestava la declaració aprovada pel Parlament de Catalunya, avui no estaríem discutint de tot això, sinó que estaríem felicitant el nou ambaixador o ambaixadora catalana a Nacions Unides.

Si el dret a decidir és un referèndum sobre la independència seria millor que l’anomenéssim així; si no ho és, convindria no limitar d’entrada les opcions sobre les quals la ciutadania de Catalunya serà cridada a pronunciar-se. Perquè de futurs per a Catalunya n’hi ha molts, i tots estan per escriure. Per exemple, per mi, en un món marcat per interdependències creixents i sobiranies compartides, la millor solució és una reforma constitucional per fer d’Espanya un Estat federal plurinacional.

Per tant, no considero assenyat que els que s’omplen la boca de dret a decidir ja estiguin prefigurant les coses com si només hi hagués una resposta a la pregunta que fins ara han estat incapaços de formular oficialment. Sembla que ens vulguin entretenir en debats metafísics, consells assessors, pactes nacionals, declaracions parlamentàries que ells mateixos diuen que no tenen cap valor jurídic, com a forma de defugir permanentment les seves responsabilitats i de marejar la perdiu.

Aquest mateix diumenge, però, hem tingut una espurna de claredat: el president Mas ha dit que el seu camí no és el d’aprovar una declaració unilateral d’independència. Sembla com si la visita de Stéphane Dion hagués servit per dissipar alguna boira mental: en un Estat de dret membre de la Unió Europea i de les Nacions Unides, com ho és Espanya, no hi ha possibilitat d’alterar de forma unilateral les fronteres estatals. Però realment cal anar més a fons, tampoc no es pot enganyar la gent dient que n’hi haurà prou d’organitzar una consulta encara que no estigui emparada en la legalitat.

No hi ha dreceres

En primer lloc, cal recordar que, ara per ara, no hi ha altra forma de fer una consulta sobre un canvi radical de les relacions entre Catalunya i la resta d’Espanya emparada en la legalitat que no parteixi d’un acord entre les institucions catalanes i espanyoles. I si no està emparada en la legalitat servirà de ben poc. I, en segon lloc, que si el resultat d’una consulta d’aquestes característiques fos la voluntat majoritària de separar-se, caldria després procedir a una negociació sobre els termes per acordar la separació. És a dir, en un procés com el que es dibuixa, no hi ha ni unilateralitat ni automatisme.

No hi ha dreceres; estem davant d’un procés democràtic que exigirà intel·ligència, capacitat negociadora i voluntat d’acord per ambdues parts. No podem pensar que com que tenim raó ens la donaran, no pot ser aquesta l’única guia de conducta. I tampoc no servim prou bé els interessos de la ciutadania si no expliquem d’entrada les dificultats i la complexitat del procés que es pretén endegar, així com tots els elements, favorables i desfavorables, avantatges i inconvenients, costos i beneficis de les diverses opcions possibles. La democràcia no només no està en contradicció sinó que també exigeix claredat i respectar el principi de realitat. La resta és enganyar el personal.

I, finalment, deixeu-me dir que no sóc ingenu. És evident que l’explotació mediàtica d’alguns escàndols en els darrers mesos (fins i tot en plena campanya electoral) no és aliena al procés que es va obrir amb la convocatòria anticipada d’eleccions a Catalunya. Però, dit això, si algú hagués abusat de les seves responsabilitats polítiques i institucionals i n’hagués tret benefici personal o partidista, si algú hagués evadit capitals o hagués defugit les seves obligacions tributàries, si algú hagués cobrat comissions a canvi de concessions administratives o contractes d’obra pública, Catalunya mai no hauria de servir-li d’escut perquè els primers als quals hauria defraudat serien, precisament, els ciutadans i ciutadanes d’aquest país.

Idees i polítiques pel canvi

IDEAS Y POLÍTICAS PARA EL CAMBIO
EL SIGLO, 15.04.13

Decía hace pocos días Josep Borrell en una conferencia en la fundación Ramón Areces que “las políticas de austeridad sin crecimiento nos llevan directamente contra la pared y debilitan el proyecto político europeo”. No le falta razón. Tras analizar la ineficacia de las políticas de ajuste y contención del déficit amparadas por Bruselas y el malestar y la contestación social que están generando, añade Borrell que “ni en Bruselas ni en Berlín parecen ser conscientes de la gravedad de la crisis social que se está produciendo y que amenaza con deslegitimar el proyecto de integración europeo”.

Josep Borrell pone el acento en dos asuntos clave en esta crisis, que dura ya más de 5 años. Primero, las medidas dictadas desde Berlín con la bendición de la Troika (Comisión Europea, Banco Central Europeo y Fondo Monetario Internacional) son totalmente ineficaces, ensanchan la brecha social, y demoran la salida de la crisis, a diferencia de las políticas de estímulo y crecimiento que desde hace tiempo la Reserva Federal estadounidense y ahora el gobierno japonés de centroderecha presidido por Shinzo Abe están poniendo en marcha. Segundo, se resiente la idea de Europa, el ideal por el que fue fundada, y aumenta la percepción que los ciudadanos europeos tienen de una Unión más orientada a defender los intereses financieros que los de los ciudadanos que la integran.

¿Qué futuro nos depara este escenario? ¿Una salida de la crisis alejados emocionalmente y/o monetariamente de Europa? ¿Un alargamiento innecesario de las medidas ineficaces que prologan la agonía económica y social? Se hace urgente un cambio profundo en la política económica que, además, comporte un nuevo contrato social. Es necesario cambiar ya, para construir un futuro distinto al que ahora mismo nos está condenando la orientación de las políticas económicas europeas.

Precisamente el premio Nobel de Economía, Joseph Stiglitz, en un artículo publicado en El País, decía que “Abe está haciendo lo que muchos economistas (me incluyo entre ellos) han estado pidiendo en EE UU y Europa: un programa integral que implique políticas monetarias, fiscales y estructurales.”

Son estas nuevas orientaciones políticas, de las que Europa carece, las que pueden permitir perfilar un horizonte diferente. Japón, con un escenario económico de larga recesión en los últimos años, puede convertirse, como dice Stiglitz, en “uno de los pocos rayos de luz en el sombrío paisaje de países más avanzados”.

Debemos aprender de quienes están acertando como muestra también de que hay alternativas, como demostración de que la crisis no es ni inmutable, ni permanente, ni invencible. Hay que combatir la sensación de que contra la crisis no cabe más que y plegarse a las exigencias económico-financieras impuestas por la austeridad dogmática de cuño alemán.

Si debemos cambiar de futuro, hemos de aprender de las lecciones estadounidenses y japonesas, y debemos cambiar el signo político de la mayoría de gobiernos europeos y de la Eurocámara. Para ello necesitamos un Partido Socialista Europeo fuerte, con ideas, con un liderazgo reconocido y reconocible, como el que podría proporcionar el actual presidente del Parlamento Europeo Martin Schulz, que podría ser el candidato común de los socialistas, socialdemócratas y laboristas a la presidencia de la Unión Europea.

Junto al liderazgo precisaremos de ideas, ambición política y audacia, como la demostrada por el candidato a canciller de Alemania por el SPD, Peer Steinbrück, en plena precampaña electoral para batir a Angela Merkel, cuando ha lanzado un ambicioso plan de 8 puntos para combatir los paraísos fiscales, o como las del presidente François Hollande que acaba de declarar la guerra a los paraísos fiscales, a la alta delincuencia financiera, a los defraudadores franceses y europeos, y a los bancos que con una mano niegan el crédito en casa y con la otra transfieren la riqueza a países con tributación reducida.

Si queremos cambiar de futuro, hay cambiar de modelo. Y eso sólo puede hacerse desde una opción intelectual, política y social sólida frente al actual dominio liberal conservador. Reconozcámosle a Margaret Thatcher el mérito de creer en la fuerza de las ideas y en la capacidad de la política para transformar la sociedad e impulsar el cambio de los valores individuales y colectivos, y seamos capaces de emularla defendiendo unos planteamientos diametralmente opuestos a los suyos para construir una Europa social que pueda reconciliarse con los intereses y aspiraciones de la mayoría de los europeos, poniendo la economía al servicio de las personas y no a la inversa que es lo está sucediendo ahora.

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