Arxiu de Miquel Iceta

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Arxiu de Octubre, 1999

Ojalá otros políticos sigan mi ejemplo

Publicat per Miquel Iceta a 19 Octubre 1999

Entrevista a Miquel Iceta
La Vanguardia (19/10/99)

Víctor M. Amela

“Ojalá otros políticos sigan mi ejemplo”

“Tengo 39 años. Nací en Barcelona, de madre catalana y padre vasco. Empecé a estudiar Químicas, pero entré en política a los 17 años, y sigo. Soy soltero, pero vivo en pareja. No quiero tener hijos. Conduzco un Golf. Tengo tres gatas. Siempre he sido socialista. Tengo una web en Internet. Dejo el Congreso para tomar mi escaño en el Parlament”.

- ¿Tienes usted pareja?
- Sí, desde hace siete años: es más joven que yo, se llama Xavier y colabora con las juventudes del partido.

- ¿Les gustó a él que usted hiciese pública su homosexualidad?
- Sí; él me animó. Aunque como en los matrimonios progres, no le gusta dejarse ver conmigo porque no quiere ser visto como “pareja de …”, sino ser él mismo.

- ¿Qué reacciones ha vivido usted desde su declaración, hace hoy una semana?
- Todas de apoyo. La frase que más he oído estos días es: ¡Olé tus huevos! Para mi sorpresa: llevo 22 años en la política y resulta que adquiero notoriedad por decir que me acuesto con un hombre.

- ¿Le sorprende?
- Me confirma que aún hay mucho camino hasta llegar a la normalidad. Lo ideal será cuando esto, un día, no llame la atención: entonces no hará falta decirlo, como no digo si colecciono sellos, porque da igual.

- ¿Cuándo supo usted que era homosexual?
- En torno a los 14 años. Me gustaban los tíos. Cuando a mis amigos les gustaba Carolina de Mònado, a mí me gustaba Elton John.

- ¿Tuvo alguna vez novia?
- Sí. Una chica fantástica que me caía muy bien. Pero yo intuía que eso no era lo mío…

- ¿Le costó mucho revelárselo a su familia?
- Hace seis años sentí la necesidad de explicarlo, de que no podía ser que no lo supieran.

- ¿Qué reacción obtuvo?
- Compleja, mezcla de desconcierto, tristeza y comprensión. Pero no se deterioró la relación. Yo voy una vez a la semana a comer a casa de mi madre, pase lo que pase.

- ¿Aconseja a otros homosexuales que revelen su condición sin miedo?
- Es normal que teman que decirlo puede desencadenar un dramón familiar, pero les aseguro que, al final, raramente se rompe una buena relación familiar por esta causa.

- ¿Ha hecho pedagogía con su declaración?
- Sí: he dicho en público lo que aún no se atreven a decir ni en privado.

- Quizás porque hacerlo podría perjudicarles profesionalmente…
- Es verdad. Lo entiendo. ¡Y por eso lucha el movimiento gay!: si un político reconoce su homosexualidad, eso ayuda, porque hoy parece que sólo sea aceptable que haya homosexuales entre los artistas. Y me dicen: “¿Homosexual, tú? ¡No lo pareces!” ¿Qué quieren, verme con una pluma en la cabeza?

- ¿No le ha perjudicado un homosexualidad en su carrera política?
- No; todos lo han sabido siempre entre mis compañeros de partido y en el entorno político. Eso sí, se lo comuniqué a Narcís Serra para La Moncloa, en 1991, por si eso podía perjudicarle, y él no le dio importancia. He sido un privilegiado.

- ¿Le gustaría que otros políticos siguieran su ejemplo?
- Si, ojalá. Eso ayudaría a que dejase de ser un problema algo que todavía hoy lo es. Pero hacerlo o no es una opción de la libertad personal de cada uno, claro.

- ¿Y sirve para ganar votos?
- ¡Si esto diera votos, ya se habrían espabilado todos los partidos para hacer lo mismo ¡ No, no creo que nadie cambie de voto por eso. Y me parece fantástico que haya un movimiento de gays de apoyo al PP. Es un buen camino, la homosexualidad no debe de ser una bandera de un solo partido.

- ¿Y por qué eligió precisamente la campaña para hacer público lo suyo?
- Para aprovechar que todavía soy diputado del Congreso. Eso le da más peso a la declaración. Y eco en toda España.

- ¿No sería más útil para los homosexuales aprobar leyes contra la discriminación?
- Sí, y el movimiento gay va a luchar para que la convivencia de una pareja homosexual sea considerada como otra forma de familia. ¡Xavier y yo queremos también nuestro libro de familia!

- ¿Lo conseguirán?
- Sí, claro que sí, el otro día la revista “The Economist” lo defendía en su portada. En lo legal soy optimista. En lo social, es otra cosa.

- Es pesimista…
- Dejaré de serlo el día en que un homosexual le diga a su familia que lo es, y la familia no sufra por él. Falta mucho para eso.

- ¿Y no ha pensado usted en tener hijos?
- Nunca. Me parece una responsabilidad muy grande y poco compatible con mi forma de vida. No me veo.

- ¿Qué le han dicho sus colegas de profesión política durante esta semana?
- Me han felicitado, Felipe González, Reventós, Campuzano, Obiols,… muchos. Narcís Serra me preguntó: “¿Com estàs?” Borrell me dijo: “Ostres, molt bé!”.

- ¿Le dolió mucho que Borrell tuviese que abandonar su candidatura?
- Sí. Yo le apoyaba porque era un excelente candidato. Pero…

- ¿Al candidato Maragall le va mejor, no?
- Sí, la mayoría de los catalanes lo prefieren como presidente antes que a Pujol.

- Pero no lo será: no suma mayoría de escaños, y Pujol sí puede tenerla.
- Pero la lista de Maragall es la más votada, y Pujol nos pidió el otro día que respetásemos la lista más votada, ¿no?

- Bien, pero lo que cuenta, al final, es la aritmética de escaños, son las reglas del juego.
- Ya, y otro que no es Maragall será Presidente problamente. Pero lucharemos para que lo sea. Y ¿cómo? No sé. Un mando tripartito, un reparto del mando… no sé.

- O hasta las próximas elecciones
- Sí, entonces intentaremos que haya otras elecciones cuanto antes.

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Higiene democrática

Publicat per Miquel Iceta a 6 Octubre 1999

Higiene democrática
La Vanguardia (06/10/99)

Días atrás, “La Vanguardia” preguntaba a representantes de las diversas opciones políticas su opinión sobre la conveniencia de limitar los mandatos del presidente de la Generalitat. Mayoritariamente las opiniones eran favorables salvo, claro está, la del representante de CiU. Mi respuesta fue tajante: más de tres mandatos me parece un disparate. Sin embargo, al no existir limitación legal al respecto, nadie puede discutir la legitimidad democrática de un cuarto mandato, o de un quinto, o de un sexto -como sería el caso si Pujol ganase estas elecciones-.
Pero la acumulación de mandatos, como toda acumulación de poder, tiene efectos perversos, fomenta vicios que dañan la vitalidad de cualquier sistema democrático. Y nadie escapa a estos vicios, como lo demuestra el balance de la última legislatura socialista en España. Sólo los gobiernos municipales, por lo limitado de sus competencias y la facilidad en vigilar sus desviaciones por parte de los ciudadanos y los partidos de la oposición, parecen escapar a esta regla general.

La política catalana nos ha ofrecido desgraciadamente muchos ejemplos de lo perniciosa que resulta la dilatada permanencia en el poder. ¿Puede alguien creer que cualquier gobernante en sus dos o tres primeros mandatos, tras pavorosos incendios como los que diezmaron nuestro capital forestal, hubiera hecho aprobar por el Parlamento una resolución que le felicitase por su gestión en esta materia? ¿Puede alguien creer que cualquier gobernante en sus dos o tres primeros mandatos, para esquivar las limitaciones impuestas por la normativa electoral, podría convencer a empresas privadas que han realizado obras por él contratadas a insertar publicidad de ellas a mayor gloria del gobernante en cuestión? ¿Puede alguien creer que cualquier gobernante en sus dos o tres primeros mandatos se atrevería a rodearse en la víspera del inicio de una campaña electoral de 15.000 personas mayores, atraídas, transportadas y agasajadas con fondos públicos para escuchar su discurso?

A estos ejemplos podrían seguir muchos otros. Entre ellos ocuparía lugar destacado un capítulo entero, el uso y el abuso de los medios de comunicación de titularidad pública, en nuestro caso TV3 y Catalunya Ràdio: no sólo se ensalza al máximo la figura del líder carismático, se llega a silenciar a los representantes de la oposición o a presentarlos con sus peores luces, según convenga. Como se pretende emitir el único debate entre candidatos en horas de mínima audiencia o se imponen en él reglas rígidas que facilitan la comodidad del que manda aun al precio de aburrir hasta a las ovejas. Ha habido un secuestro sectario de una radio y televisión que no son ya de todos, sino sólo de aquél que gobierna desde hace19 años y pretende seguir haciéndolo cuatro u ocho años más.

La lista de vicios en que pueden incurrir quienes gobiernan durante un plazo demasiado largo es extensa. Cabría recordar la utilización de viajes oficiales para realizar negocios familiares privados, el nombramiento de parientes como altos cargos, la contratación por parte de la Administración de servicios profesionales prestados por familiares directos, el amparo político de negocios de amigos y conocidos, etcétera. Todo ello, en Cataluña, con la más absoluta impunidad y las más de las veces en el más absoluto de los silencios, el causado por el temor al poder.

Y, a pesar de la gravedad de los casos señalados, eso no ha sido lo peor. Lo peor ha sido la apropiación de la Generalitat como institución por un partido que quiere imponer su visión sobre qué significa ser buen o mal catalán y que tacha de malos catalanes a quienes no comparten su proyecto político. Por eso, el cambio que defendemos, aparte de librarnos de los vicios de quien ha tenido el poder demasiado tiempo, estriba en acabar con ese secuestro: queremos acabar con el monopolio del sentimiento catalanista por parte de aquellos que lo manipulan y lo convierten en una opción excluyente. Todo esto está en juego el 17 de octubre. Ha llegado la hora del cambio. Cataluña saldrá ganando con ello. Y Pujol y CiU también.

MIQUEL ICETA LLORENS, candidato socialista al Parlament

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