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    El mes de setembre de l'any 1977 començava la meva militància política. Aquesta pàgina recull els articles i intervencions públiques que he anat fent al llarg dels anys.
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Democracia, transparencia y pactos políticos

Democracia, transparencia y pactos políticos
El Mundo (19/03/96)

El pasado 3 de marzo los votantes desbarataron el guión escrito a lo largo de muchos meses por los profetas de la catarsis: se ciscaron en encuestas reales o inventadas, desatendieron algunos sermones interesados, y aun divirtiéndose escuchando día tras día los disparatados espacios radiofónicos de “a ver quién la dice más gorda”, no actuaron según su dictado.

Así, no hubo mayoría absoluta del Partido Popular, ni se derrumbó el PSOE, ni Anguita avanzó por la recta vía del “sorpasso”, ni CiU vio disminuida su relevancia política.

Los votantes pusieron en práctica, una vez más, el principio sobre el que descansa nuestro sistema político: la soberanía nacional reside en el pueblo español. Y nadie puede suplantarla, ni interpretarla a su antojo. El poder de los votos se impuso a quienes pretendieron suplantarlo.

La soberana voluntad popular decidió que la victoria del PP fuera precaria, que los 9.300.000 votos del PSOE fueses superados sólo por menos de 300.000 votos del PP, y que José María Aznar obtuviese sólo 15 diputados más que Felipe González.

Como se ha dicho, ha sido una amarga victoria para quien daba por hecha una “mayoría clara”, y una dulce derrota para quien había sido desahuciado políticamente de forma prematura por “analistas” cegados por el odio, el afán de venganza, o la más pura envidia.

Con ese ajustadísimo resultado -¡qué distinto sería si el PP tuviera tan sólo un diputado más!- los electores han señalado de forma inequívoca que quien quiera gobernar deberá hacerlo desde el acuerdo con las otras fuerzas políticas, y le han pedido a Aznar que sea él quien inicie el baile.

Ha llegado, pues, la hora de pactar. Y le toca abrir el baile a quien tanto criticó el pacto PSOE-CiU como forma de dar estabilidad al Gobierno y de garantizar el agotamiento de la legislatura.

Y, parar más inri, a Aznar le toca buscar el acuerdo precisamente con aquellos a los que atribuía torcidas intenciones cuando pactaban con los socialistas. A Aznar le toca buscar el apoyo de aquellos que fueron tan insultados como los socialistas por parte de algunos de los voceros que le han aupado a la victoria.

Esas recientes actitudes de Aznar complican las cosas. Porque se es dueño de lo que se calla y prisionero de lo que se dice. Y Aznar es prisionero de algunas frases suyas: “González es rehén de Pujol, que es quien manda”, o “No presidiré un gobierno débil o hipotecado”. Y Aznar es tributario también de sus amistades peligrosas, del frente mediático que tanta crispación generó a lo largo de la última legislatura.

Pero todo tiene remedio. Porque de sabios es rectificar. Y sería bueno que el PP y Aznar rectificasen, aunque lo hiciesen forzados por las circunstancias. Todos saldríamos ganando si la derecha española abandonase su intolerancia, su revanchismo, y ese castellanismo excluyente tan peligroso para la España plural que, no lo olvidemos, es la única España posible en democracia.

Pero para que el pacto llegue a un buen puerto no sólo basta con la voluntad del PP, ni siquiera con su rectificación. Es necesario que otras fuerzas políticas lo quieran. Parece que Coalición Canaria y Unión Valenciana quieren. Pero eso no basta. La endiablada aritmética parlamentaria, fruto de la voluntad ciudadana, requiere necesariamente el concurso de CiU, que debería votar afirmativamente la investidura, pues con su abstención no basta.

Y ahí duele a CiU. Convergència forzó la celebración de elecciones al retirar su apoyo al Gobierno socialista, arguyendo la gravedad del “caso CESID” que, según pareció la Justicia meses más tarde, se reducía a un “caso Perote”.

Pero CiU quería con ello amarrar su mayoría absoluta en el Parlament, cosa que los ciudadanos le negaron.

En las elecciones CiU pidió ser la llave. Y ese deseo le fue concedido. Pero, a veces, el peor favor de los dioses es el de conceder los deseos. Porque ahora, según parece, CiU no sabe qué hacer con la llave. Pide, incluso, que los socialistas le ayudemos a abrir la puerta a nuestros adversarios, salvando la investidura de Aznar.

Pero eso no sólo sería democráticamente inexplicable, sino que sería insuficiente. Pues no se trata sólo de salvar un trámite parlamentario, sino de garantizar la estabilidad de una acción de gobierno a lo largo de la legislatura.

Los ciudadanos han decidido que se pacte. Pero quieren que los pactos se hagan con transparencia. Con acuerdos programáticos de legislatura. Y si es con presencia en el Gobierno de ministros de las fuerzas políticas que suscriban esos pactos, mejor.

Eso es lo que los socialistas propusimos a CiU tras las elecciones de 1993. Pero CiU no quiso. Y esa actitud contribuyó a que proliferasen críticas sobre la opacidad de los acuerdos a los que iban llegando Pujol y González.

Ahora CiU parece remisa a llegar a un acuerdo con el PP. Pero entonces, ¿para qué demonios forzó las elecciones? ¿Para qué diablos pedía la llave si no iba a usarla?

Es verdad que, mediada la campaña electoral, CiU no sólo pedía la llave, sino que hablaba de plantar cara. Algunos creímos que eso era una figura retórica destinada a evitar una posible fuga de votos nacionalistas hacia el PSC. Pero quizás los militantes de CiU, bastantes de sus votantes, y hasta algunos de sus dirigentes, la tomaron al pie de la letra.

Por otra parte, los socialistas ya hemos dicho que no obstaculizaremos el pacto PP-CiU, si es que llega a producirse. Nosotros no hablaremos de “taparse mutuamente las vergüenzas”, ni de “intercambio de votos por dinero” ni de “privilegios para Cataluña en perjuicio de otras comunidades”, etc. Nosotros no haremos lo que hizo la pinza PP-IU en la pasada legislatura.

Ahora bien, que no nos pidan que nos abstengamos de votar, ni que algunos abandonemos el hemiciclo. Nosotros somos oposición y alternativa porque así lo han querido los electores. Y ejerceremos responsablemente esa labor, a años luz de los excesos cometidos por la pinza PP-IU y sus aguijones mediáticos.

CiU quiso ser llave y ahora debe ejercer esa responsabilidad. Hay terrenos en los que puede sentirse cómoda con el PP, y otros en los que mucho deberán acercarse sus distantes posiciones. En todo caso, CiU deberá hacer un esfuerzo de transparencia para conseguir que el acuerdo sea, si no compartido, cuando menos entendido en Cataluña y en toda España. Y si no llega a ese acuerdo o si, simplemente, no confía en Aznar, deberá estar dispuesta a buscar otra solución, con la actual composición parlamentaria, o a través de una nueva convocatoria electoral, en la que renuncia a pedir la llave.

Porque pedir la llave y, una vez obtenida, no usarla, es tan arriesgado como utilizarla para abrir la puerta equivocada.

Miquel Iceta i Llorens
Miembro de la Comisión Ejecutiva del PSC y diputado electo al Congreso por Barcelona