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    El mes de setembre de l'any 1977 començava la meva militància política. Aquesta pàgina recull els articles i intervencions públiques que he anat fent al llarg dels anys.
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Per molts anys, PSC!

“Per molts anys, PSC!”
El País (20/09/96)

Sobre el debate que se está produciendo en torno al 8º Congreso del PSC planean las dudas que tienen algunos sectores de dentro y fuera del partido según las cuales el PSC no sería ya un instrumento útil para vertebrar una alternativa política al nacionalismo conservador. De aquí vendrían las obsesiones por las “cosas nuevas”: Nuevos Proyectos, partidos transversales, Partido Demócrata al estilo norteamericano, etc. Cuando se mencionan los excelentes resultados del PSC en las elecciones generales de 1996 para rebatir estos argumentos, la réplica suele ser la siguiente: “las elecciones generales las gana el PSOE, las gana Felipe González”. Pero quienes así responden parecen olvidar que las elecciones municipales las ganan candidatos del PSC se llamen Maragall, Nadal, Siurana, Montilla, De Madre o Corbacho. Cosa que no ocurre en Madrid, Sevilla, Valencia u otras ciudades. Por lo tanto, el PSC aporta un valor añadido y no se limita a “vivir de la renta de Felipe González”.

Las elecciones autonómicas son harina de otro costal: responden a una lógica distinta. Pero, a mi juicio, se yerra el tiro cuando se hace un análisis electoral sólo en clave nacionalista/no nacionalista. Y más en un momento en que el propio Duran Lleida está alertando a los suyos sobre el riesgo de definir el proyecto nacionalista en estricta clave identitaria.

En un marco global definido por soberanías compartidas e interdependencias, la libertad de Catalunya no pasa por la independencia ni por la autodeterminación. Los socialistas nos proponemos alanzar el máximo de bienestar y de libertad para Catalunya y, al mismo tiempo, su distribución equitativa entre todos los ciudadanos. La libertad y el bienestar de Catalunya están indisolublemente ligados a la libertad y el bienestar de España y de Europa. Por ello, nuestro proyecto quiere profundizar a la vez en la evolución federal del Estado de las Autonomías y en el proceso de construcción europea.

Tampoco debemos olvidar que la propia identidad nacional de Catalunya es diversa, como lo es todavía más la realidad española definida como plurinacional, pluricultural y plurilingüística. El federalismo nos muestra la viabilidad de proyectos de convivencia en pleno repecho a las diversas identidades que los forman. Así, nuestra relación con el nacionalismo –con todos los nacionalismos- es conflictiva ya que, apreciando el respeto y el impulso a las identidades, rechazamos frontalmente cualquier intento homogeneizador, excluyente, egoísta o insolidario. Como socialistas, nuestro afán de preservar e impulsar la diversidad es paralelo a la convicción de pertenecer a una humanidad común.

Si el PSC no ha conseguido vertebrar aún la mayoría alternativa al nacionalismo conservador, es porque no ha presentado una oferta política diferente a la de CiU que aparezca como más beneficiosa para una mayoría e los ciudadanos de Catalunya. Los que votan, y también los que hasta ahora se han venido absteniendo en las elecciones autonómicas, y son votantes progresistas en las elecciones generales y municipales.

Pero, curiosamente, en lugar de asumir esta realidad, esta obviedad, hay quien propugna la huida hacia adelante, un cambio de instrumento, el presunto atajo de las “cosas nuevas”, en lugar de aclarar primero las carencias y errores que causan las sucesivas derrotas de la izquierda en las elecciones autonómicas. Parecen más preocupados por explicar a los creadores de opinión cómo ganaríamos –con las “cosas nuevas”-. En lugar de explicar a los ciudadanos qué haríamos desde el Govern si ganásemos. Y, lo repito, este “qué” debería ser claramente distinto y mejor que el proyecto que ofrece CiU.

No creo que para conseguirlo debamos cambiar de instrumento. Mientras haya desigualdades, mientras haya injusticias, mientras haya que defender y ampliar las libertades aquí y en otros lugares, habrá un Partido Socialista para defender los valores de libertad, igualdad, justicia y solidaridad que dan sentido a nuestro proyecto político.

No por ello es menos cierto que debemos mejorar nuestras relaciones con otras fuerzas progresistas y de izquierdas, que deberemos buscar mecanismos de colaboración con ellas. Pero no creo que esto deba implicar la pérdida de la identidad política y organizativa del socialismo democrático catalán en una fusión con otros grupos políticos o de opinión; nadie ganaría en una operación así, ni ellos, ni nosotros. En la suma se perdería la fuerza de las partes.

Para consolidar un proyecto político como el nuestro no basta con la voluntad de quienes estamos comprometidos en él. Es necesario también que nuestro partido siga siendo un instrumento útil para quienes comparten nuestras ideas, para quienes quieren que defendamos sus intereses. Y esto requiere un esfuerzo constante de reflexión sobre el presente y sobre el futuro. Así como nuestras raíces están firmemente ancladas en el pasado, el porvenir de nuestro proyecto ha de anclarse en el futuro.

El futuro del PSC está ligado, en primer lugar, a la vigencia de los valores del socialismo democrático. Unos valores que persiguen la construcción de una sociedad más libre, más justa, más igualitaria, y más solidaria; es decir, una sociedad más humana.

Sabemos que estamos trabajando contracorriente. Las sociedades modernas, impregnadas por el espíritu del capitalismo, están basadas en el beneficio individual o privado, el egoísmo, la idea de que todas las cosas son mercancías, de que todas las cosas tienen un precio que es la única medida de su valor. Pero estamos convencidos de que si los valores que inspiran el socialismo democrático no prevalecen, nuestras sociedades se disolverán y no constituirán en el futuro comunidades humanas en el pleno sentido de la palabra. Y estamos convencidos también de que muchísimas personas comparten, de forma consciente o inconsciente, esta convicción.

El futuro del PS está ligado, en segundo lugar, a la viabilidad de un ambicioso proyecto de reformas. Los valores en abstracto pueden prefigurar un futuro posible, pero en sí mismos no cambian las cosas. Y nosotros queremos cambiar la vida, transformar la sociedad, hacerla más humana. Queremos ser capaces de pensar y escribir un futuro distinto al que hoy podemos prever si no invertimos la evolución de las cosas. Y esto implica la capacidad de diseñar un proyecto concreto de reformas que nos vaya acercando progresivamente a la sociedad prefigurada por nuestros valores.

Sabemos que no podemos definir en solitario este proyecto de reformas. Queremos concretar, con todos los sectores y personas interesados, un proyecto que, para hacerse realidad, debe ser capaz de crear una dinámica social nueva, que haga posible la movilización de una mayoría electoral para gobernar Catalunya en 1999, y para contribuir al retorno de Felipe González a la Presidencia del Gobierno de España en el año 2000.

Este proyecto de reformas debería perseguir siete grandes objetivos: hacer compatibles el incremento de la competitividad, del empleo, y de la cohesión social; asegurar la plena integración europea; impulsar la tolerancia y la diversidad; fomentar la educación y la investigación; promover un desarrollo ecosostenible; asegurar un mayor autogobierno para Catalunya en una España federal; y profundizar y extender la democracia. Ahondar en estos siete enunciados desbordaría en mucho el objeto de este artículo y deberá quedar para otra ocasión.

En tercer y último lugar, el futuro del PSC está ligado a la existencia de una organización profundamente democrática y participativa, en contacto permanente con la sociedad a la que quiere servir.

El futuro de nuestro partido exige un fortalecimiento de su organización. Las necesarias transformaciones del partido han de partir de dos premisas básicas: la plena democracia interna ha mejorado con mecanismos de primarias para la elección de candidatos, e instrumentos para la plena transparencia de los procesos de toma de decisiones, que deben abrirse también a los electores, y la necesidad de dar un nuevo impulso ético a la acción política, a través de la adopción de un Código Ético que fije pautas claras y estrictas de su comportamiento de nuestros dirigentes, cargos públicos, y de todos y cada uno de los militantes socialistas.

Un PSC fuerte, flexible y abierto es, sin duda, la mejor garantía para ampliar nuestro espacio de influencia en una triple dirección: hacia nuevas inquietudes sociales, especialmente hacia los sectores feministas, juveniles y ecologistas, que quieren construir una sociedad más humana, más justa y más solidaria; hacia el catalanismo liberal y de centro; y hacia la izquierda social y sindical. Se trata de forjar una nueva alianza para el progreso de Catalunya, en la que participen de forma destacada los jóvenes progresistas, que deben encontrar en el PSC el principal referente político de su sensibilidad solidaria en el combate por la igualdad, en la reivindicación medioambiental, en la cooperación internacional, y en la lucha contra la intolerancia, el racismo y la xenofobia.

Miquel Iceta i Llorens
Miembro de la Comisión Ejecutiva del PSC
Diputado al Congreso por Barcelona