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¿Un Congreso rutinario?

¿Un congreso rutinario?
El País – España (04/06/97)

El 34º Congreso Federal del PSOE debe significar un importante impulso al proyecto socialista. No deberíamos dejarnos vencer por inercias, rutinas o dificultades. Debatida la ponencia-marco, formuladas las enmiendas y elegidos los delegados, debemos ahora promover un debate que interese a los ciudadanos. Debemos recuperar el sentido originario de la apuesta por la renovación del PSOE, cuyo objetivo era el de adaptar nuestro proyecto, nuestra organización y nuestra dirección a la evolución de la sociedad española, fruto en buena parte de los cambios impulsados por el Gobierno socialista.
Debemos hacer un balance de lo que está suponiendo el Gobierno del PP, denunciando el inicio de una etapa de aumento de las desigualdades a través de una política fiscal regresiva y de la desatención a la sanidad y a la educación públicas; el desbarajuste autonómico, causado por la ausencia de proyecto territorial; y la regresión democrática, debida a la escasa tradición liberal de la derecha española, empeñada como siempre en destruir a sus adversarios políticos, mediáticos, económicos y culturales a través de un sistemático abuso de poder. Los aciertos del Gobierno conservador sólo se producen cuando sigue las pautas trazadas por los Gobiernos de Felipe González en la política económica y en el proceso de construcción europea.

Pero sería ilusorio pensar que el retorno de los socialistas al Gobierno llegará por sí solo a causa de los errores del PP. Son hoy muchos los ciudadanos dispuestos a volver a otorgar su confianza a los socialistas siempre que seamos capaces de renovar seriamente nuestro proyecto de progreso. Para conseguirlo no sólo debemos ejercer una eficaz labor de oposición, sino que debemos presentar una verdadera alternativa política, con todo lo que ello implica de renovación en los planteamientos, en las actitudes y en las personas.

El Congreso debiera señalar un avance importante en esa dirección. Eso es lo que esperan de nosotros los militantes, simpatizantes y electores socialistas. Y lo exigen muchos ciudadanos progresistas que estarían dispuestos a correspondemos con su apoyo.

Pero debemos reconocer que, de momento, la percepción que se tiene del proceso congresual no es ésa. Debemos imprimir un nuevo impulso a la renovación del PSOE que sea claramente percibido por los ciudadanos. Dicha renovación debería abarcar tres ámbitos: el proyecto político, el modelo organizativo y la dirección.

El proyecto está en gran medida esbozado en la ponencia-marco. Se encuentran en ella las claves para interpretar los cambios en nuestro país, en Europa y en el mundo, los elementos centrales de un modelo económico y social que reconociendo el papel del mercado no se someta ciegamente a él, las políticas económicas y de construcción europea que promuevan el crecimiento, la competitividad, el empleo y la cohesión social, y las diversas líneas de actuación política de los socialistas.

Pero precisamente la amplitud de los temas abordados y la voluntad deliberada de no confundir el debate congresual con la elaboración de un programa electoral no facilitan que de nuestras discusiones se destaquen temas concretos relacionados con las preocupaciones reales de los ciudadanos.

En primer lugar, nuestros debates debieran mostrar a los ciudadanos la existencia de una política alternativa, capaz de afrontar los retos del empleo y de la cohesión social en la economía globalizada. Así, las preocupaciones ciudadanas generadas por la incertidumbre sobre el futuro deben ser abordadas rigurosamente.

En segundo lugar, el PSOE debe proponer reformas que reconcilien a los ciudadanos con la política. Propuestas de reforma de la justicia, de fortalecimiento de los valores cívicos, de respeto a las reglas del juego democrático, de profundizar en la democratización y la transparencia de los partidos políticos y su financiación.

En tercer lugar, el partido socialista debiera afirmar la necesidad de acercar el funcionamiento del Estado de las autonomías al de los Estados de estructura federal. Su convencimiento de que sólo es posible un proyecto español que reconozca el carácter plurinacional, pluricultural y plurilingüístico de España. Su decisión de fortalecer el papel de los Ayuntamientos. Su capacidad de formular una propuesta de financiación autonómica que, a partir de los principios de solidaridad y transparencia, garantice la autonomía y la suficiencia financiera de las comunidades, avance en la corresponsabilidad fiscal, en la igualdad básica, en la financiación de competencias similares y en la reducción progresiva del abismo entre el régimen común y el régimen foral. Debemos proponer también una profunda transformación del Senado y una cultura de lealtad y cooperación institucionales.

Las cuestiones organizativas están ya planteadas: elecciones primarias para la selección de candidatos, apertura de nuestros procesos de discusión y decisión a los simpatizantes o el impulso de estructuras sectoriales o temáticas. Podría aprobarse también un Código Ético como el que el PSC adoptó en su reciente Congreso.

En cuanto a la dirección, parece insólito que el único tema en discusión sea la continuidad de Alfonso Guerra en la vicesecretaría general. A mi juicio, una de las carencias de la dirección federal ha sido, precisamente, la de no tener un claro número dos. Ello podría ahora solucionarse, ya que, afortunadamente, candidatos no faltan. Basta citar sólo dos nombres, Joaquín Almunia o Josep Borrell, para despejar cualquier duda al respecto. Por otro lado, y al hilo de esta cuestión, en la Comisión Ejecutiva debieran encontrar acomodo las diferentes sensibilidades del partido, como la que representa Guerra, que, compartiendo un mismo proyecto, incorporan visiones matizadamente distintas que contribuyen a enriquecerlo. El PSOE no puede permitirse una imagen de división. Además, una sociedad crecientemente compleja reclama que la dirección de los partidos tenga una solidez que no implique uniformismo y un carácter colegiado que no impida la presencia de personas con perfil político propio y liderazgo social reconocido.

Por último, la necesaria reducción de la Comisión Ejecutiva no debiera implicar la ausencia de los presidentes socialistas de las comunidades o de los representantes de los socialismos catalán, gallego y vasco. Si una de nuestras críticas a la derecha es precisamente su falta de proyecto territorial, mal podremos vertebrar un discurso propio en este terreno sin incorporar esas realidades.

Con todo ello, el 34º Congreso del PSOE debe ser cualquier cosa menos rutinario. Ese debe ser el empeño de todos los socialistas.