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La tregua indefinida de ETA

La tregua indefinida de ETA
La Vanguardia (22/09/98)

La negociación de ETA con el PNV debe sustituirse por un diálogo para abandonar las armas
El anuncio de tregua por parte de la organización terrorista ETA ha sido recibido con esperanza, cautela y voluntad de llegar hasta el final en un verdadero proceso de paz. Queremos una paz que no sólo sea cese de la violencia, sino que implique el respeto de todos a las reglas democráticas, y por ello exigimos la renuncia expresa a imponer criterios minoritarios a la mayoría. Queremos una paz en la que quepan todos, nacionalistas y no nacionalistas, una paz en la que las diferencias se resuelvan a través del diálogo, en la que la minoría sea respetada y en la que, si se pretenden cambiar temas de fondo, se haga desde el consenso que presidió la elaboración de la Constitución y el Estatuto.

¿Por qué ahora ETA está dispuesta al diálogo? Porque está al final de su loca carrera. La cuenta atrás empezó en Ermua, con la reacción ciudadana frente al alevoso asesinato del concejal del PP Miguel Ángel Blanco. Siguió con el encarcelamiento de la mesa nacional de HB, que, frente a lo que se creía, no produjo reacciones significativas. Siguió con el cierre de “Egin” y, lo que es más importante, con el descubrimiento de la trama financiera de ETA. ETA era consciente de estar dando sus últimas boqueadas y decide tomar la iniciativa buscando una salida airosa.

Ciertas actitudes del nacionalismo democrático le han proporcionado un pretexto. Si es así, bienvenido sea. No me extraña que el PNV se haya esforzado en mover piezas: recuérdese la dimensión del “espíritu de Ermua”. No sorprenda que el anuncio de la tregua se haya producido ante las elecciones vascas. No se olvide que ni de la violencia ni de su cese pueden salir beneficios políticos. Pero cabe la generosidad de los demócratas para quienes abandonen definitivamente las armas, y la promoción de actitudes de consenso democrático.

A la negociación que ha mantenido ETA con el PNV, debe sustituirla un proceso de diálogo en el que el Gobierno de España, respaldado por los partidos democráticos, determine las condiciones del abandono definitivo de las armas. Sorprende por ello que se pretenda, antes, avanzar en temas como el acercamiento de presos. ¿Cómo pudo CiU votar a favor en el Congreso de una iniciativa de EA en ese sentido? ¿Por qué renunciar de antemano a una de las evidentes contrapartidas en un proceso de diálogo como el que se plantea?

No creo que contribuya al proceso de diálogo que se mezclen o se confundan otras cuestiones. Desde Cataluña debemos ser muy cuidadosos; que no se rompa la vajilla. Ello no implica que podamos apuntar líneas de avance en el desarrollo autonómico, como la del reconocimiento explícito de la plurinacionalidad o la profundización federal del Estado de las autonomías. Pero, desde luego, no deben ponerse sobre la mesa reivindicaciones concretas que nada tienen que ver con el proceso de paz. Estaríamos haciendo un flaco servicio al objetivo que todos decimos compartir.

MIQUEL ICETA i LLORENS, diputado socialista