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PSOE: más renovación

PSOE: más renovación
La Vanguardia (21/04/99)

El PSOE debe seguir renovándose para digerir la experiencia de 14 años de gobierno y para abrir una nueva etapa que tome definitivamente el relevo de la generación de la transición y del acceso al gobierno, que tanto ha significado para el socialismo y para España. Si hubiese que aportar una única prueba o un único argumento para avalar esta tesis, podría mencionarse que el PSOE ha sido incapaz de recuperar responsabilidades de gobierno en ningún lugar relevante donde las haya perdido desde 1987 a esta parte.

Los y las militantes socialistas eran especialmente conscientes de este problema en el momento de emitir su voto en las elecciones primarias que tuvieron lugar hace un año. El triunfo de Borrell tuvo que ver, desde luego, con su personalidad, con su capacidad de generar ilusión, con la voluntad de imprimir un nuevo impulso a la labor de oposición, con un sólido discurso político fuertemente anclado “en el centro de la izquierda”. Todo eso es cierto. Pero el triunfo de Borrell, que a tanta gente sorprendió dentro y fuera del PSOE por el mero hecho de producirse y por su magnitud, fue alimentado también por esa voluntad de renovación. Una renovación que no pretendía hacer tabla rasa con el pasado, pero que era muy consciente de que el riesgo no era ya “morir de éxito”, sino “morir de inanición”.

La decisión de Felipe González de no presentar su candidatura a la secretaría general en el 34º congreso federal del PSOE demostró una vez más su capacidad de liderazgo. Sólo él supo ver la necesidad de desbloquear la evolución del partido y por ello tomó de forma generosa e inesperada la decisión que abrió el proceso de renovación. Y así la elección de Joaquín Almunia abrió una nueva etapa en la vida del partido. El discurso del nuevo secretario general en la clausura del congreso apuntaba ya nuevas claves para afrontar el futuro desde una perspectiva diferente.

La resolución congresual de adoptar un sistema de elecciones primarias y la decisión personal de Joaquín Almunia de aplicar dicho sistema a la elección de candidato socialista a la presidencia del Gobierno hicieron posible un nuevo impulso a la renovación del PSOE. Pero las dificultades derivadas de la compleja convivencia de una doble legitimidad interna (candidato elegido por los militantes y comisión ejecutiva elegida por el congreso) frenaron el empuje de las primarias y disiparon parte del enorme capital político que éstas supusieron.

Estas dificultades y la inevitable inercia de un partido tan grande y tan apegado a sus tradiciones como el PSOE explican por qué los ciudadanos perciben cada vez con mayor nitidez la necesidad de que el PSOE cambie para poder confiar de nuevo en él. El PSOE, tan eficaz a la hora de impulsar grandes cambios en la sociedad española, se revela lento y timorato para evolucionar a su vez y adaptarse a dichos cambios. Pero no debemos dejarnos vencer por la inercia. Como bien expresaba Tony Blair en la conferencia anual del Partido Laborista en 1994, “los partidos que no cambian mueren, y este partido es un movimiento vivo, no un monumento histórico. Si el mundo cambia y nosotros no lo hacemos, nos convertimos en inservibles para la gente”.

Los ciudadanos confiarán más en el PSOE en la medida en que sea capaz de renovarse. Y por eso esperan que con Borrell avance la renovación del PSOE; de no ser así, tanto él como el conjunto del partido deberán esperar en barbecho a tiempos mejores.

La innovación programática que Borrell está liderando es una condición necesaria, pero no suficiente de esa renovación. No hay renovación sin relevo generacional. No hay renovación sin mostrar a las claras que las viejas formas de hacer política han sido definitivamente superadas (algunos incidentes ocurridos en las primarias y las dificultades del proceso de confección de listas están aún en la mente de todos). No hay renovación sin demostrar que nuestra obsesión no es la de mantener el poder orgánico interno, sino la de volver a merecer la confianza ciudadana. No hay renovación sin demostrar que en los partidos preocupan más los problemas de los ciudadanos que los problemas de las listas.

Nadie debe desconocer una evidencia: los partidos socialistas que hoy gobiernan en Europa alcanzaron sus victorias electorales a partir de procesos de renovación o en paralelo a ellos. Por eso sería erróneo que el PSOE desandase el camino emprendido. Necesitamos hoy más primarias, no menos. Y abiertas a todos, como en el PSC. Necesitamos recuperar la confianza ciudadana en la política y para ello debemos desembarazarla de artificiosidades y de lenguajes oscuros. Por eso pedimos una ley de partidos, una nueva ley de financiación, una reforma del sistema electoral para promover mayor cercanía entre representantes y representados por medio de un sistema proporcional personalizado como el que rige en Alemania.

Pero el PSOE debe renovarse en marcha; no puede ni debe pararse en el camino. Por eso las elecciones municipales, autonómicas y europeas de junio deben ser un primer paso. Y la aprobación en otoño del nuevo programa socialista tiene que constituir el espaldarazo definitivo de la imprescindible renovación del PSOE.

MIQUEL ICETA LLORENS diputado socialista por Barcelona