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Veredicto inapelable

Veredicto inapelable
El Mundo (18/03/00)

Las urnas han sido claras: o los socialistas nos renovamos en profundidad o dejaremos de ser un instrumento útil para los sectores que quieren una sociedad más justa e igualitaria. Y eso vale tanto para el PSOE que ha perdido 1.600.000 votos, como para el PSC que, aun manteniéndose como primer partido en Cataluña, ha perdido la confianza de 400.000 ciudadanos y ciudadanas (la cuarta parte del total de las pérdidas socialistas). Por ello, el socialismo catalán debe acometer su propia renovación al tiempo que participa activa y decisivamente en la del PSOE.

Esa doble renovación no debe ser un hecho puntual acotado en el tiempo, sino un proceso permanente, que implica una revisión valiente del proyecto político, tanto en sus aspectos programáticos y de discurso, como organizativos y de liderazgo.

En Cataluña, el anuncio de Narcís Serra de no presentarse a la reelección como primer secretario y el hecho de estar ya convocado el IX Congreso del PSC para junio señalan un camino claro. El IX Congreso debe tener cuatro objetivos: renovación del proyecto político del PSC, cambios en la dirección, voluntad de hacer un partido más amplio, más fuerte y más abierto, y contribuir decisivamente al proceso que lleve a Pasqual Maragall a la Presidencia de la Generalitat.

Los resultados obtenidos en las recientes convocatorias electorales (municipales, europeas, autonómicas y generales), la solidez del PSC como organización, el peso institucional que supone haber ganado las alcaldías de los municipios en los que vive el 70% de la población catalana y la existencia de una mayoría interna que comparte los objetivos antes citados, no hacen prever grandes dificultades.

La propia continuidad hasta la celebración del congreso de Narcís Serra y la dirección que él encabeza en la que están, entre otros Maragall y Borrell, Montilla y Clos, Manuela de Madre y Joaquim Nadal, es una garantía más de que sabremos llevar a buen puerto una renovación que nos acerque al relevo generacional de quienes hicieron la unidad socialista en Cataluña en 1978.

La renovación del PSOE es, con mucho, bastante más compleja. Parte del vacío de dirección creado, no existe una percepción clara en algunos núcleos dirigentes sobre la necesidad de una renovación de profundo calado. No la hubo tras la derrota de 1996, dulce según algunos. Tampoco parece que se reparase en las causas últimas de la victoria de Borrell en las elecciones primarias, una victoria que tuvo mucho que ver con la convicción de la mayoría de militantes de que era necesaria una renovación mucho mayor que la ofrecida por Almunia y su equipo.

La realidad es tozuda y el veredicto de las urnas es inapelable. Los ciudadanos progresistas lo dicen sin tapujos: si el PSOE no se renueva no volverá a gobernar España.

Nadie debe desconocer esta evidencia: los partidos socialistas que hoy gobiernan en Europa alcanzaron sus victorias electorales a partir de procesos de renovación o en paralelo a ellos: la larga marcha del laborismo británico, las primarias de Jospin (primero candidato, después primer secretario), la refundación del viejo Partido Comunista Italiano (PCI) y el relevo generacional del PS portugués.

La renovación del PSOE no debe construirse a partir de cero. Mientras que la revisión programática sí debe hacer tabla rasa del discurso que en estas elecciones ha cosechado un sonoro fracaso, la renovación del PSOE puede hacerse sin excluir la presencia de dirigentes del partido que han pasado la prueba de las urnas.

El proceso de renovación del PSOE debe hacerse entre todos y con la máxima voluntad de integración política, pues uno de los principales activos socialistas es precisamente su unidad y su pluralismo interno. La credibilidad de ese proceso exige contar con quienes se mostraban insatisfechos del grado de renovación que supuso el anterior congreso federal. Y, desde luego, también con caras nuevas e impulsando un paulatino relevo generacional, máxima garantía de renovación.

Una dirección provisional con plenos poderes, de las características antes citadas, libre de tutelas y cargas de la dirección anterior, debe conducir un proceso en el que cabe exigir también que todo lo que pueda ser decidido por muchos no sea decidido por unos pocos.

Miquel Iceta Llorens es miembro de la Comisión Ejecutiva del PSC