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    El mes de setembre de l'any 1977 començava la meva militància política. Aquesta pàgina recull els articles i intervencions públiques que he anat fent al llarg dels anys.
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PSOE: punto y aparte

PSOE: punto y aparte
Iniciativa Socialista, número 58 (otoño 2000)

El 35 Congreso Federal del PSOE deparó una grata sorpresa a muchos socialistas y progresistas: la largamente reclamada renovación se abrió paso con la elección como Secretario General -para casi todos inesperada- de José Luis Rodríguez Zapatero. Se abría así una nueva etapa política en el PSOE que sin duda debía haber llegado antes.

Ya en 1993 se empezó a hablar del “cambio sobre el cambio”, y el propio Felipe González manifestaba “haber entendido el mensaje”. Lamentablemente la voluntad y la palabra no fueron acompañadas por los hechos; se impuso la inercia y el desgaste sufrido tras largos años de gobierno impidió enfrentar adecuadamente las enormes dificultades de la legislatura 1993-1996, acabada abruptamente tras la retirada del apoyo externo de CiU.

La “dulce derrota” de 1996 fue una nueva excusa para no acometer los cambios que la sociedad reclamaba a gritos. Fue precisamente Felipe González quien puso el dedo sobre la llaga al renunciar a la Secretaría General del PSOE en el 34 Congreso. De forma precipitada llegaba Joaquín Almunia a asumir el liderazgo del partido y, consciente de la necesidad de afianzarse en él, convocó elecciones primarias para designar al candidato socialista a la Presidencia del Gobierno.

Las elecciones primarias del PSOE tuvieron un resultado inequívoco. La victoria de Borrell -contra todo pronóstico y contra las admoniciones de todos los dirigentes regionales y miembros de la Comisión Ejecutiva encabezada por Almunia- señaló hasta qué punto las bases socialistas eran conscientes de la necesidad del cambio.

La esperanza generada por la victoria de Borrell se esfumó rápidamente por diversas causas, en las que destacan a mi juicio la bicefalia competitiva que se impuso y lo mal que encajó el viejo aparato del partido su derrota. Sin duda Borrell y su equipo cometimos errores de bulto, empezando por no forzar la convocatoria de un Congreso extraordinario que impulsase el cambio que tantos reclamaban. La renuncia de Borrell puso de relieve su coherencia personal y política. La pretensión de que nada había pasado y de que sin cambios era posible afrontar con posibilidades de éxito las elecciones generales del 2000 se saldó con un sonoro fracaso. El problema no fue el pacto con Izquierda Unida. El problema es que ni PSOE ni IU tenían un proyecto atractivo que ofrecer a los progresistas españoles.

La dimisión de Almunia, al segundo de conocerse los resultados electorales, volvió a abrir una etapa de interinidad en el PSOE. Una interinidad de la que nadie esperaba nada bueno, todo lo más un parche para intentar ganar tiempo.

Pero en esto llegó José Luis y mandó a parar. Conviene quizá detenerse en los que son a mi juicio las causas de su victoria. Una victoria que tiene que ver precisamente con la profunda demanda de renovación que existía ya en el PSOE, con el espíritu de las primarias ganadas con Borrell, con la necesidad perentoria de un relevo que adquiría ya tintes generacionales y también con la percepción de que los cambios en el PSOE no podían impulsarse en confrontación abierta con los aparatos regionales y provinciales pero sí intentando superar antiguas divisiones internas que habían perdido ya toda razón de ser.

Desde este punto de vista la estrategia de José Luis Rodríguez Zapatero y su equipo fue modélica. A partir de un núcleo básicamente formado por miembros del Grupo Parlamentario Socialista se constituye la plataforma Nueva Vía cuyo primer objetivo fue la redacción de un manifiesto programático en el que se urgía a abrir una nueva etapa política en el PSOE y se esbozaban líneas de reflexión para la necesaria renovación de nuestro proyecto político.
José Luis Rodríguez Zapatero recorrió la geografía española haciendo hincapié en las ideas recogidas en el Manifiesto para una Nueva Vía, abanderando lo que él mismo denominó “el cambio tranquilo” y buscando la complicidad de los cuadros y bases socialistas. Pese al inicial sobresalto que nos produjo a muchos un supuesto alineamiento social-liberal de Rodríguez Zapatero apadrinado por Carlos Solchaga, la necesidad del cambio fue abriéndose camino al tiempo que iba cuajando la idea de que era precisamente Zapatero quien debía encabezarlo, mejor situado y dispuesto a ello que los demás candidatos.

Su victoria se fue fraguando en los meses anteriores al Congreso y adquirió carta de naturaleza al conocerse sus apoyos en muchas nacionalidades y regiones, de las que destaco por razones de peso interno en el PSOE a Catalunya, País Valenciano y Andalucía.

En el propio Congreso abundaron las manifestaciones a favor del cambio. Por tomar una de ellas reproduzco parte de la intervención del Primer Secretario del PSC, José Montilla: “En 1982 ofrecimos a la sociedad española ‘el cambio’, en el año 2000 debemos ofrecerle ‘nuestro cambio’, sólo así recuperaremos la credibilidad imprescindible para construir la alternativa progresista al gobierno del PP”.

José Luis Rodríguez Zapatero se ganó a pulso el apoyo de los delegados y delegadas en su propio discurso ante el plenario del 35 Congreso. El azar llevó a que su discurso fuese el último de los cuatro que se sucedieron ante el pleno y que frente a unos diagnósticos excesivamente pesimistas de los tres que le precedieron, el suyo empezase con un rotundo “No estamos tan mal” que se ganó el primer aplauso de los delegados.

El discurso de Zapatero sintonizó muy rápidamente con el sentir general. Había que cambiar sin hacer tabla rasa del pasado. El cambio debía hacerse con todos pero sus protagonistas debían ser nuevos. La defensa del Estado del Bienestar debía partir del reconocimiento de la globalización y de los efectos de la “nueva economía”. La izquierda española debía recuperar sus raíces (citó expresamente la Institución Libre de Enseñanza y a María Zambrano). El PSOE debía abrazar la causa de la España plural en la mejor tradición federalista oponiéndose al tiempo a unitarismos rancios y a nacionalismos particularistas e insolidarios.

Soprendió muy favorablemente su compromiso con el municipalismo, con una impronta de devolución de poder a la sociedad y de proximidad al ciudadano de la acción política. Despejó cualquier duda sobre los fundamentos de su proyecto: “nuestra pasión por la solidaridad y la realización de la libertad”. Afirmó su compromiso por la educación y la cultura: “Hemos de tener una dedicación especial a la promoción de la cultura, de la educación, de los valores del espíritu emprendedor, de los valores de la iniciativa, de los valores del desarrollo de las capacidades de todos, absolutamente de todos, en esta sociedad en cambio”. Manifestó su voluntad de colaboración con los sindicatos, con el movimiento asociativo, con las ONGs. Hizo especial énfasis en la recuperación de los valores de la ciudadanía, de la participación y de la política. Se comprometió con las mujeres y con los jóvenes.

Todo ello le permitió afirmar en su discurso de clausura del 35 Congreso, ya como Secretario General, “Hoy empieza el futuro. (…) Lo mejor no está en nuestras mochilas, ni en el pasado, el mejor día de nuestra vida está por llegar. (…) El cambio comienza hoy. (…) Os convoco a una nueva esperanza. La esperanza del 2004”.

Un puñado de votos habían marcado la diferencia. Una nueva generación tomaba el relevo en el PSOE. Y ese cambio, esa gran transformación había venido, como siempre en el PSOE, de la mano de más democracia. La futura Conferencia Política deberá ratificar cambios organizativos en esa dirección. Cuando otras fuerzas de izquierda están encarando también sus procesos de renovación, me permito recomendarles desde aquí más democracia, más voto individual y secreto, más primarias, más poder a los militantes y a los delegados.

El PP tiene, por fin, algún motivo de preocupación. Sus errores ya no van a ser gratis. Hay oposición y habrá alternativa. José Luis Rodríguez Zapatero ha pedido tiempo, algo de tiempo tiene, no mucho. Pero ha empezado demostrando maneras y una nueva sensibilidad en el enfoque de la política. Nos tiene a todos a su lado. Y a por todas.