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Cataluña, ¿tierra de acogida?

Cataluña, ¿tierra de acogida?
El País (26/04/01)

Las declaraciones de Marta Ferrusola y Heribert Barrera han podido debilitar la cohesión de nuestro país, al excitar prejuicios y miedos sobre el fenómeno de la inmigración. Más lesivas aún fueron las posteriores declaraciones de Artur Mas y Jordi Pujol que pretendían restarles importancia. Todo ello no tiene nada que ver con la imagen de Cataluña “tierra de acogida” que queremos presentar al conjunto de España a través de la campaña “Cataluña hoy”. Porque, en efecto, la Cataluña actual no sería la de los 6 millones de catalanes sin haber acogido a centenares de miles de inmigrantes. Y si Cataluña conoció inmigración, también conoció la emigración, e incluso el exilio. Y desde ese conocimiento, está en óptimas condiciones para entender, aceptar y acoger la inmigración de hoy.

Por otra parte, no debe extrañar a nadie que quienes definen su nacionalismo a partir de la homogeneidad étnica, religiosa, lingüística y cultural recelen sobre el impacto de la inmigración. En cambio, quienes creemos que el respeto a la diversidad debe ser parte inseparable de la identidad catalana, rechazamos ese recelo; lejos de nosotros la xenofobia y la intolerancia. La inmigración es y ha de ser factor de riqueza y de diversidad, y nunca motivo de empobrecimiento ni de intolerancia.

Pero cometeríamos un gravísimo error si no quisiésemos ver la inquietud que el fenómeno inmigratorio suscita en muchas personas. Por ello es importante que seamos capaces de hablar claro sobre el tema y de forjar un amplio consenso en torno a nuestra capacidad de acogida. Debemos, de entrada, impedir que el debate sobre la inmigración forme parte de las disputas partidistas. Y, al mismo tiempo, es imprescindible que las declaraciones de los responsables políticos promuevan los valores de convivencia, civismo y tolerancia que deben impregnar una sociedad democrática, siguiendo el modelo de países vecinos que tienen tasas de inmigración mucho más altas que la nuestra. Los inmigrantes tienen derechos como personas. Y también deberes. Y no debemos esconder que el respeto a la diversidad tiene alguna restricción: no vamos a aceptar imposiciones de tipo religioso o cultural que impliquen limitaciones a derechos fundamentales como la libertad y la igualdad de las mujeres.

La inquietud causada por el fenómeno de la inmigración no sólo tiene sus raíces en el miedo a la diferencia. No podemos cerrar los ojos al rápido crecimiento de la población inmigrada, que está comportando una mayor visibilidad, su concentración en determinadas zonas con la consiguiente presión sobre déficits sociales ya existentes. Sin un mayor énfasis sobre la política social no sólo no construiremos la sociedad más cohesionada que perseguimos, sino que seremos incapaces de absorber adecuadamente el impacto de la inmigración. Necesitamos barrios dignos y escuelas bien equipadas. Y Ayuntamientos capaces de garantizar estas dos cosas. Y para que ello sea así se precisan compromisos concretos por parte del Gobierno de Cataluña.

El eje de nuestra propuesta es preservar y crear las condiciones que hagan posible la convivencia y la cohesión social. Proponemos trabajar en seis direcciones:

a) aplicar una política activa y eficiente de canalización de los flujos migratorios, mediante claridad y transparencia de los procedimientos, seguridad jurídica y garantía de los derechos sociales;

b) reconocer los derechos y la dignidad como ciudadanos de las personas inmigradas y nuestra solidaridad frente a su precaria situación social;

c) hacer pedagogía del civismo, la convivencia y el respeto a la diversidad;

d) promover la integración de las personas inmigradas, es decir, impulsar su plena inserción social, política, económica y cultural;

e) desarrollar una política social ambiciosa que disipe cualquier temor de desprotección por parte de cualquier persona ¬recién llegada, establecida aquí hace ya mucho tiempo, o nacida en nuestro país¬, optando claramente por un modelo de sociedad cohesionada y que lucha contra la exclusión social, con más bienestar, más solidaridad, más seguridad y más justicia para todos y todas;

f) optar por un modelo de cooperación internacional que impulse el desarrollo de los países del tercer mundo, que abra nuestros mercados a su producción y contribuya a reducir la presión migratoria.

Miquel Iceta i Llorens, Portavoz del PSC