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Presentación del libro “Homofobia” de Daniel Borrillo

Presentación del libro HOMOFOBIA de Daniel BORRILLO
Miquel Iceta (4 de mayo de 2001)

Gracias por haberme invitado, por haber pensado que podía aportar algo a la presentación de este libro.

Gracias, sobre todo, a Daniel Borrillo por haber escrito un libro que hacía falta.

Para justificar la necesidad del libro pienso utilizar bastantes citas literales que expresan de la forma más fiel y precisa, el objetivo del autor.

Descubrir las raíces de la homofobia y poner de manifiesto tanto su irracionalidad como el peligro que supone de destrucción de los valores de respeto y tolerancia que nos permiten vivir en sociedad es el objeto del libro. Por eso digo que este libro hacía falta, porque llena un vacío clamoroso y nos prepara para las batallas que vendrán y las que hoy están ya planteadas.

Cuenta Daniel en su prefacio que apenas comenzó a debatirse la ley francesa sobre el Pacto Civil de Solidaridad (PACS) “un odio insospechado surgió violentamente”. Surgió con fuerza una manifestación de homofobia, en la definición que nos propone Daniel: hostilidad general, psicológica y social, respecto a aquellos y aquellas de quienes se supone que desean a individuos de su propio sexo o tienen prácticas sexuales con ellos. Otra definición más genérica de la intolerancia que, aplicada a los homosexuales es homofobia, es “manifestación arbitraria que consiste en señalar al otro como contrario, inferior o anormal”.

El autor es claro desde el inicio: “La homosexualidad no constituye un problema, es simplemente una manifestación del deseo erótico y del amor, como lo es la heterosexualidad. La homofobia, por el contrario, se convierte en una verdadera preocupación, ya que destruye los valores de respeto y tolerancia, valores indispensables a la hora de vivir juntos”.

El esquema del proceso homofóbico es claro. La heterosexualidad es lo normal, lo natural. La homosexualidad es, por definición (religiosa, antropológica, ética, científica), una anormalidad y debe ser combatida, pues altera el orden natural. Ese combate puede ser abierto, incluso violento, a muerte, o un combate soterrado, más sutil pero no menos eficaz -no es la muerte física pero sí la muerte pública, la muerte civil. “No quiero ver a dos hombres o a dos mujeres besándose en público”. “En su casa que hagan lo que quieran, en la calle, a la vista de todos, no”.

Hemos de enfrentar todas las manifestaciones de homofobia, las más extremas, por supuesto, pero también las otras. Y quisiera alertar sobre las más sutiles, que son las más comunes en nuestro entorno cultural y consisten en aceptar la homosexualidad meramente como cuestión privada, íntima, pero insoportable cuando reivindica públicamente su equivalencia con la heterosexualidad.

Por eso los homosexuales no deberían casarse o adoptar. Porque, en el fondo, no son normales, no son como nosotros, dicen o piensan quienes no pueden aceptar esa equivalencia, ese “igual valor”.

Todo puede aceptarse salvo lo que ponga en duda la superioridad biológica y moral de la heterosexualidad. La sexualidad es jerarquizada, y se coloca a la heterosexualidad en el nivel superior. El resto de formas de sexualidad -por definición no procreadoras-aparecen, en el mejor de los casos, como incompletas, accidentales y perversas, y en el peor, como patológicas, criminales, inmorales y destructoras de la civilización.

El homosexual es un hombre o una mujer fallido. Incompleto. La homosexualidad pone en duda la identidad sexual. No se puede ser hombre homosexual o mujer homosexual. Se es poco hombre o mujer. Se es otra cosa.

Al servicio de este prejuicio arbitrario se ponen toda suerte de instrumentos. La Religión. La Biblia. La Tradición. La Ciencia. La Antropología. La Literatura. El Cine. La Televisión. Y el Estado.

Y es esa construcción intelectual del rechazo del otro la que genera la legitimación de la intolerancia, la justificación de la desigualdad. No podéis tener los mismos derechos. Cumplid la ley, pagad los impuestos, comprad, comprad, malditos. Pero no nos pidáis los mismos derechos de los que gozamos la gente normal. Porque vosotros sois distintos. Sois menos, en cantidad y en calidad. No merecéis el mismo trato. Agradecednos que ya no os echemos a la hoguera, ni os lapidemos, ni os flagelemos -al menos, no en Europa-. Ni siquiera os escupimos. Quienes lo hacen son unos exaltados pero, ya se sabe, en el fondo piensan como nosotros que no sois gente normal.

Los homosexuales no “gozamos”, lo digo en sentido figurado, de la exclusiva de la intolerancia. Las raíces de la homofobia son las mismas que las del racismo, la xenofobia o el antisemitismo. O el sexismo y la misoginia. También las mujeres fueron consideradas hasta hace bien poco inferiores. Y, por lo tanto, no tenían ni la misma consideración social ni los mismos derechos. Y aún hay secuelas de esa época negra en nuestra sociedad. Y hay todavía muchas culturas y países en los que florece ese tratamiento discriminatorio: asesinatos de niñas en China, ablación de clítoris en África, sumisión absoluta en Afganistán y en demasiados otros sitios.

Pero el racismo, la xenofobia, el antisemitismo, el sexismo han sido estudiadas a fondo. La homofobia, no tanto.

Ese es el principal valor del libro que presentamos hoy. Y recomiendo a todos y todas leerlo. Pues podéis incluso descubrir con horror cómo alguna de vuestras propias opiniones puede estar teñida de homofobia latente. Cuántos y cuántas hemos sido víctimas de nuestro propio desprecio. Convencidos de que no éramos normales, de que nos faltaba algo para alcanzar la igual consideración que deben merecer todos los seres humanos. ¿Por qué sino algunos homosexuales son reticentes con respecto a la adopción?

Como dice Daniel Borrillo, la homosexualidad goza del triste privilegio de haber sido combatida simultáneamente en los dos últimos siglos en tanto que pecado, crimen y enfermedad. Es toda una historia dedicada a convencernos de que somos una aberración, de que ahora se nos acepta siempre que no pidamos ser tratados igual que los demás.

Por eso no podemos adormecernos pensando que mucho es lo que hemos ido consiguiendo en los últimos veinte o treinta años. Debemos ser conscientes de que la verdadera batalla está lejos de haberse dado, que justo ahora empieza. Y desde luego, para esa batalla, libros como el que presentamos hoy, son imprescindibles.

¿Por qué no podemos casarnos? ¿Porque somos distintos o porque se nos considera inferiores? ¿Por qué una pareja homosexual no puede adoptar niños? ¿Porque no es lo mismo o porque se nos considera inferiores? Aceptar esto es aceptar el fundamento de cualquier otra discriminación. Por lo tanto, aunque no penséis casaros ni adoptar, entended que la batalla es decisiva, es la batalla contra la homofobia, es decir, contra el prejuicio que implica considerar a los homosexuales como personas incompletas y, por tanto, distintas en sus derechos.

Pronto se verán en el Parlament de Catalunya y en el Congreso de los Diputados, propuestas para la total equiparación de derechos y deberes entre heterosexuales y homosexuales. Hoy pregunto desde aquí y con ello acabo. ¿Cómo explicarán su voto quienes estén en contra? ¿Serán capaces de dar la cara y decir la verdad? Nos tendrán que decir por qué no. ¿Serán capaces de decirnos que no aceptan que seamos iguales a los demás? ¿Serán capaces de aceptar que siguen prisioneros de la homofobia? Tiempo habrá para preguntárselo. El mismo tiempo que ellos y ellas tienen para preparar sus respuestas.

Muchas gracias.