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El riesgo de un fuerte retroceso europeo

El riesgo de un fuerte retroceso europeo
Expansión (13/06/05)

A lo largo de la campaña del referéndum sobre la Constitución europea, los que defendíamos el voto favorable al Tratado ya alertábamos de los efectos negativos sobre el proceso de construcción de la Unión Europea que comportaría su rechazo. Los pocos días transcurridos desde la celebración de los referenda en Francia y Holanda indican cuánta razón teníamos. Por cierto, los que aquí defendían el voto negativo, que nos acusaban de catastrofistas y de azuzar el voto del miedo, están guardando estos días un estruendoso silencio. 

A pesar de los llamamientos para no interrumpir el proceso de ratificación, el Reino Unido se niega a fijar fecha para su propia consulta, después han sido otros países los que empiezan a dudar, más tarde hemos sabido que no se ha alcanzado un acuerdo sobre las perspectivas financieras de la Unión Europea y, por último, el Partido Popular Europeo dice que nos vayamos olvidando de la Constitución, que introduzcamos leves retoques al Tratado de Niza, y pelillos a la mar.  Con toda seguridad ese no es el escenario buscando por una parte de quienes han votado “no” en Francia y Holanda. Los estudios post-electorales que conocemos permiten apuntar paralelismos evidentes entre los dos países, aparte del notable desgaste político de los respectivos gobiernos de centro-derecha. El “no” ha encontrado el terreno abonado en el paro creciente, la precariedad social, la crisis económica i la incertidumbre sobre el futuro. Así, se puede afirmar rotundamente la incidencia en el resultado del rechazo a la reciente ampliación de la Unión Europea y, aún más, a la eventual adhesión de Turquía. Hay que recordar, además, que la extrema derecha ha utilizado argumentos xenófobos, especialmente presentes en la campaña del Frente Nacional en Francia y del partido  del asesinado Pim Fortuyn en Holanda. 

Por otro lado, es evidente que significativos sectores de la izquierda y de la extrema-izquierda han desarrollado una campaña en contra de una construcción europea guiada por el neoliberalismo y que sus argumentos han encontrado una clara aceptación en las poblaciones castigadas por la crisis económica. No es imprudente pensar que el miedo ha sido el sentimiento que más ha pesado a la hora de emitir un voto negativo, un voto de autodefensa. Se ha impuesto el miedo al impacto del ingreso de nuevos miembros, el miedo a la precariedad creciente. Así, el voto negativo pretendía disipar la gran incertidumbre que pesa sobre el futuro. Para acabar de aderezarlo, las élites nacionales y la burocracia europea han parecido renunciar a la Europa de la plena ocupación dibujada por el libro blanco de Delors y la estrategia de Lisboa, y no han hecho más que ampliar una preocupante fractura social y política. Una fractura que, admitámoslo, el centro-izquierda de ambos países ha sido incapaz de evitar. Estoy convencido que la mejor perspectiva de futuro que se puede ofrecer a los países miembros y, especialmente, a sus trabajadores y clases populares, pasa por fortalecer el proyecto europeo. Fortalecerlo desde la unión política, la potencia económica, y el compromiso de cohesión social porque necesitamos más Europa, no menos. También estoy convencido que la mejor garantía de futuro la ofrecerá una izquierda europeísta que no mire atrás, que no tenga nostalgia de un pasado que ya no volverá, sino que sea capaz de aplicar políticas transformadoras que, guiadas por los principios de libertad y justicia social, nos acerquen al sueño europeo de un continente unido políticamente, económicamente competitivo, que garantice la supervivencia de los sistemas de protección social, solidario con los países menos desarrollados, y comprometido con la paz y el respecto a los derechos humanos en todo el mundo. 

Miquel Iceta Llorens
Viceprimer Secretario y Portavoz del PSC