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    El mes de setembre de l'any 1977 començava la meva militància política. Aquesta pàgina recull els articles i intervencions públiques que he anat fent al llarg dels anys.
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SOCIEDAD RED. Un coloquio con Josu Jon Imaz y Antoni Gutiérrez. (16.10.08)

Es legítimo preguntarse qué hago yo aquí. Al fin y al cabo no soy un experto ni en tecnologías de la información y la comunicación, ni de su aplicación a la política, ni tampoco un sociólogo. Es verdad que Antoni Gutiérrez ha tenido palabras muy amables sobre mí. Habrán notado, y si no se lo digo, que somos amigos. Y eso para mí tiene un gran valor. También se dice que fui el primer político con página web, en 1997. Aunque amablemente me discute el mérito Rafael Estrella. Podríamos dejarlo en que fui el primer político catalán con web, así no hay discusión. Como fui también el primer político con blog, en 2003.

Me estrené con CompuServe con aquellas direcciones de correo tan curiosas formadas sólo por números. Navegaba con Mosaic, recuerdan? Por cierto, uno de los primeros proveedores españoles de acceso a Internet que tuve no admitía páginas con contenido sexual o político y cuando me di cuenta (soy poco ducho en leer la letra pequeña) me di de baja de inmediato. Por lo de la política, claro.

¿Por qué me empeñé en tener página web primero y blog después? En primer lugar por curiosidad. Me gustar probar cosas nuevas. Y a algunas quedo enganchado como en el caso de la cocina japonesa. Pero también por intentar ser el primero en algo. No se asusten. Uno de los primeros manuales de marketing que leí lo recomendaba encarecidamente. Era una de las 22 leyes inmutables del marketing, libro escrito por Al Ries y Jack Trout, un libro de 1993 que aún releo de vez en cuando.

Pero lo cierto es que del tema del que hablamos hoy sólo sé lo justo. Como cuando alguien dice que domina la informática a nivel usuario, vamos. Pero la ignorancia, como ustedes saben, es atrevida. Y no sé decir que no a un amigo. A pesar de que quizá me convendría, no soy de aquellos que piensan que es mejor callar que pasar por ignorante, a hablar y confirmarlo. Prefiero correr el riesgo porque de los diálogos, y éste lo es, siempre se aprende. Y he aprovechado también el Dominio Público, en sentido amplio. A lo largo de mi intervención se pueden encontrar ecos del Manifiesto Cluetrain de 1999 (sí, ya casi hace diez años), y de textos y posts de Juan Freire, Enrique Dans, Juan Varela, José Luis Orihuela, Carlos Guadián, José Antonio Donaire, con quien comparto tareas parlamentarias e ideales políticos, David de Ugarte, a quien conocí en las primarias del PSOE que ganó Josep Borrell, y, claro está, Antoni Gutiérrez-Rubí, que generosamente ha aportado 145 ediciones de la sección ZONA WEB de la que disfrutan los lectores y lectoras de mi blog, a quienes también dedico esta intervención.

Debo decir también que era difícil decir que no a mantener un coloquio con Josu Jon Imaz, un nacionalista vasco profundamente demócrata y profundamente innovador. Si visitan mi Diario y hacen una búsqueda del nombre “Imaz” encontrarán un centenar de referencias. Entre ellas algunos artículos destacados: Bases comunes frente al terror, Más allá de la encuesta del desayuno, Radicalidad frente a pragmatismo, Apostar por el futuro, No imponer, no impedir. Y un artículo que me emocionó especialmente, el que se titula “La llave de Rodolfo” en el que Josu Jon hablaba a pecho descubierto sobre la emoción y el desasosiego que le causaba la noticia de que ETA tuviese en su poder una copia de la llave de la casa de Rodolfo Ares, dirigente socialista vasco. También me une a Josu Jon la encendida defensa de la non nata Constitución europea. Y aún hoy pienso en aquellos insensatos que la encontraban muy corta y decían que con su rechazo llegaríamos más lejos… Les dedico en estos días en que echamos en falta más Europa un cariñoso recuerdo. En fin…

Por acabar con los lazos que me hacen sentirme unido a Josu Jon, quiero recordar que el Eusko Alderdi Jeltzalea era el partido de mis abuelos, Miguel y Elisa. El abuelo Miguel, ingeniero, fue nombrado por el Gobierno vasco delegado en la empresa Firestone, incautada como industria de guerra. Acabada la guerra civil fue encarcelado y murió al poco de quedar en libertad pues su salud ya no pudo recuperarse del duro trance.

Del PNV es también un buen amigo de Josu Jon al que admiro, el filósofo Daniel Innerarity, del que encontrarán también una quincena de artículos en mi Diario.

Vaya, que me hacía mucha ilusión participar en esta experiencia.

Ahora, al grano. ¿Qué es esto de la política 2.0? Se la ha definido de muchas maneras. Por empezar por alguna podríamos decir que se trata de la utilización de las nuevas tecnologías de la información y la comunicación en la acción política. Pero veríamos enseguida que esta definición se queda corta pues, por ejemplo, que un partido político tenga una página web no es por sí mismo garantía de que esté practicando o esté dispuesto a practicar la Política 2.0.

Los avances técnicos y los nuevos medios de comunicación siempre han tenido un impacto sobre la política. Baste con ver la evolución de las campañas electorales norteamericanas. Desde mítines dados en plataformas situadas en vagones de ferrocarril a las convenciones de los grandes partidos, verdaderos espectáculos de televisión. Cada nuevo medio ha ido generando nuevas reglas. Baste con recordar el famoso debate Nixon-Kennedy, ganado por Nixon para los que lo siguieron por la radio y ganado por Kennedy por los que lo vieron a través de la televisión. No sé si el decano de los consultores políticos Joe Napolitan sacó de esa experiencia su célebre máxima “domina el medio dominante”, pero podría ser…

La política ha incorporado siempre con relativa rapidez los nuevos medios. No sé si ustedes habrán visto la película “Contact” protagonizada por Jodie Foster. La trama gira alrededor de un mensaje proveniente del planeta Vega que sirve para construir una máquina capaz de viajar por el espacio a velocidades superiores a la de la luz. La cuestión es que el mensaje de Vega está mezclado con las primeras emisiones televisivas lanzadas al espacio desde la Tierra. Y en concreto el discurso de Adolf Hitler inaugurando los Juegos Olímpicos de Berlín en 1938.

Pero Internet, la Red de redes, puede impulsar cambios culturales aún más profundos que los que implicaron la imprenta, la radio o la televisión. Digo puede, pues en esta era de la incertidumbre de la que hablaba John Kenneth Galbraith y a la que se refería más recientemente Daniel Innerarity en su artículo en El País del pasado día 7 de octubre, no hay que dar nada por hecho ya que el futuro no está escrito.

Creo que los cambios culturales inducidos por la Red están en sus tiernos comienzos. Probablemente los mayores especialistas estén ya previendo mutaciones muy importantes, pero de ahí a que esos cambios lleguen a grandes masas falta aún mucho.

Digo esto porque a veces los pioneros de la revolución digital se sienten un poco incomprendidos. No se dan cuenta, quizá, de que ése es precisamente el precio que pagan al ser los primeros. Quienes llegan los primeros tienen que esperar a los que llegarán después. Aprovecho para sugerir que los más avanzados dediquen parte de sus esfuerzos a ayudar a los demás a moverse más rápido. Así no nos tendrán que esperar tanto tiempo. Perdón por la pequeña excursión.

Decía que no estamos sólo ante un nuevo medio. Estamos frente a una nueva realidad en la que el receptor puede de verdad elegir. No sólo elegir qué escucha y que ve, sino decidirse también a producir sus propios mensajes y emitirlos. No es sólo feedback, no es sólo interactividad, es también “empowerment”, apoderamiento, es decir, proporciona instrumentos para discutir la autoridad del emisor tradicional, permite ganar esa discusión, e incluso permite ignorar al otrora todopoderoso. Ha relativizado el poder. Ha revalorizado la creatividad y el talento. Ha estimulado la creación, la autoorganización, el activismo, el contraste entre diversas fuentes y la crítica. Ha roto fronteras y ha multiplicado infinitamente la conectividad entre personas. Facilita el acceso a la información y el paso a la acción. Y lo hace además en forma cooperativa. Ya saben lo importante que es para el socialismo, y para el nacionalismo vasco, el cooperativismo… Y ha situado al individuo, considerado como persona individual no como parte indeterminada de una masa amorfa, en el centro de todo. Por otro lado, uno de los elementos casi mágicos de la Red de redes no es sólo que estimula la creatividad y la libre elección individuales, sino que además impulsa la creación de comunidades virtuales. Y tiene como una de sus principales características la inmediatez, la velocidad vertiginosa, la instantaneidad.

Permítanme una larga cita de nuestro anfitrión. Dice Antoni Gutiérrez en su artículo “El nacimiento del ciberactivismo político”: “La cultura digital es una ola de regeneración social (de ahí su fuerza política) que conecta con movimientos muy de fondo en nuestra sociedad: placer por el conocimiento compartido y por la creación de contenidos, alergia al adoctrinamiento ideológico, rechazo a la verticalidad organizativa, fórmulas más abiertas y puntuales para la colaboración, nuevos códigos relacionales y de socialización de intereses, reconocimiento a los liderazgos que crean valor, sensibilidad por los temas más cotidianos y personales, visión global de la realidad local y creatividad permanente como motor de la innovación”. Acaba la cita. Se podrá decir de otra manera pero no de forma tan sugestiva.

¡Claro que todo este potencial nos fascina! Tan claro como que produce temor. Tan claro como que excita pasiones por controlar los contenidos, en las dictaduras y en no pocas democracias, en las empresas y en las familias. Ciertamente debe promoverse un uso responsable de un potencial tan enorme, pero nunca al precio de limitar su capacidad de liberar energías.

La política en esto, como en tantas otras cosas, va por detrás de la evolución social. No es de extrañar que sea el mundo de la empresa quien se adapte mejor a las nuevas posibilidades que se abren ante nuestros ojos. También la publicidad comercial precedió a la propaganda política.

Ahora bien, y me permito otra pequeña excursión, ¿no es la Banca 3.0 la que ha causado la crisis que amenaza nuestro bienestar? Lo digo porque la audacia no debe impedirnos también cierta prudencia. Cuando lo virtual pierde el contacto con lo real, como en nuestros días cuando la economía financiera pierde toda conexión con la economía real, la crisis está servida.

Quizá la política haya detectado riesgos antes que valorado oportunidades. Recuerden el debate sobre el canon digital, por ejemplo. Y, sobre todo, a la política le cuesta cambiar. A los políticos nos cuesta cambiar. No sólo porque perro viejo no aprende trucos nuevos. Sino porque la Política 2.0 subvierte las categorías y las jerarquías en las que se basa la política 1.0. Y ese salto no es sólo muy grande, sino que no puede darse ni de golpe ni en el vacío. También en esto, como ven, soy gradualista, reformista más que revolucionario.

La democracia que nació en el ágora ateniense tiene hoy miedo del ágora digital. Pero precisamente es en el mundo digital en el que podríamos revivir el ideal democrático. Repito, podríamos. Ciertamente hay escollos que salvar. La brecha o fractura digital que divide sociedades y abre abismos entre zonas del planeta. En nuestro propio país tenemos perfectamente detectadas las diferencias de acceso y de uso de los medios digitales. Unas diferencias que están en relación directa a cuestiones como la edad, el género, el estatus socioeconómico, el lugar de residencia, y también en el origen autóctono o inmigrante de las personas. Basta con ver la Encuesta del Instituto Nacional de Estadística sobre Equipamiento y Uso de Tecnologías de Información y Comunicación en los Hogares hecha pública el pasado 2 de octubre. También debemos evitar el riesgo del aislamiento comunitarista que la red posibilita. O el riesgo de que grandes corporaciones puedan abusar de posiciones de privilegio. Y para evitarlo no bastará con el software libre y el copyleft.

No creo que en un pequeño gran salto podamos pasar de la democracia representativa a la democracia no sólo participativa (en la elección) sino también deliberativa (en la elaboración de propuestas) a la que la red parece invitarnos. Pero sin duda la evolución de la política debe ir en esa dirección.

La Política 1.0 se enfrenta hoy a graves problemas: su pérdida de prestigio, su ininteligibilidad o la pérdida de peso de las políticas locales en la era global. En estos días se está hablando de la dicotomía dinero global/política global. La Política 2.0 debe preocuparse en primer lugar de dar respuesta a estos retos. Particularmente el de redimensionar la política, buscando soluciones globales a problemas globales. Y también el reconocimiento del derecho a entender la política, a que haya un relato explicativo y entendible, que naturalmente no podrá ser sencillo pues debe dar respuesta a problemas complejos.

Si la democracia ateniense era un diálogo, la democracia digital y la política en el siglo XXI pueden volver a serlo. Sin necesidad, además, de excluir a mujeres ni a esclavos, como hacían las polis griegas.

Soy socialista. Y socialista viene también de sociedad. ¿Recuerdan ustedes el grito de guerra neoliberal de Margaret Thatcher: “There’s no such thing as society”? La sociedad no existe, sólo existen los individuos. No estoy de acuerdo con esa afirmación. Pero tampoco estaría de acuerdo en decir que sólo la Red existe, a menos de que consigamos que todo el mundo pueda estar en ella, sin perder un ápice de su libertad personal, que también comporta la libre opción de desconectarse. Y debemos intentar también llevar a la red una batalla por los valores. Los valores con mayúscula. Libertad, Igualdad, Justicia, Solidaridad. Pero también Responsabilidad, Respeto, Dignidad y Legalidad (respeto de las normas que valen igual para todos). Creo que sólo la solidez en los valores impedirá que la sociedad, que ya es líquida, se torne gaseosa y acabe por desaparecer. También en la red se debe reflexionar sobre esto. Porque no queremos una red-disolvente sino una red-integradora.

En este mundo incierto en el que nos estamos adentrando, en esta verdadera dimensión desconocida, no sólo deberán convivir identidades muy diversas, sino que la identidad de cada uno tendrá muchas dimensiones, lengua, nivel cultural, edad, género, profesión, aficiones, fobias. Red abierta y sociedad abierta. Con una política distinta, más humilde. Consciente de que hoy influye mucho menos que ayer, y, si no cambia, mucho más que mañana. Hoy estamos viendo cómo la política se enfrenta al reto de la batalla de la regulación del mercado para evitar que éste se autodestruya y nos acabe destruyendo. Para ganar esta batalla, la política deberá ganar legitimación y esa legitimación no es otra cosa que responder al reto de convertirla en un verdadero diálogo global.

El mundo digital parece señalarnos un camino. No sé si nos atreveremos a recorrerlo, pero probablemente sea la mejor forma para transitar con la mayor seguridad posible la incertidumbre señalada por Daniel Innerarity.

Para ello deberemos estar dispuestos a repensar nuestras actuales instituciones, nuestros actuales partidos. Los partidos deberán renunciar a considerar la red como un nuevo espacio a colonizar. Deberán aspirar a ser redes en la Red de redes, deberán aprender de nuevo a convencer y a seducir, a movilizar, a comprometer, a promover la participación, a promover acuerdos transversales, en un entorno más incierto, más crítico y, sobre todo, formado por personas decididas a escuchar sólo a quienes hayan demostrado antes que son capaces de escuchar.

Sería temerario por mi parte indicar cuáles deben ser los parámetros teóricos de la evolución de la Política 1.0 a la Política 2.0. Pero deben ustedes saber que aparte de demócrata, socialista y catalanista quien les habla es un convencido federalista. De un federalismo tan antiguo como rabiosamente actual. ¿Qué es el federalismo sino la máxima libertad individual buscando a través del acuerdo y la cooperación la consecución de una fraternidad universal? La Red de redes debe aspirar a ser una fraternidad digital o, en palabras de Antoni Gutiérrez, “espacios múltiples de identidades plurales” y la política 2.0 que hay que ir construyendo para hacerla posible no es otra cosa que un federalismo digital aun por imaginar.

Muchas gracias.