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Canviar de futur, canviar Europa

Cambiar de futuro, cambiar Europa
EL SIGLO, 25.03.12

En un breve espacio de tiempo han coincidido tres noticias de ámbito europeo. El 14 de marzo, el Tribunal de Justicia de la Unión Europea (TJUE), emitía una sentencia que declaraba abusiva la legislación hipotecaria española. En la nota hecha pública por el Tribunal de Luxemburgo se dice “La normativa española, que impide al juez que es competente para declarar abusiva una cláusula de un contrato de préstamo hipotecario suspender el procedimiento de ejecución hipotecaria iniciado por otra vía, es contraria al Derecho de la Unión”.  Claro y rotundo.

Esta sentencia supone un triunfo no sólo para el caso objeto de sentencia, sino también para todas aquellas personas que están hoy día viviendo en primera persona el drama de los desahucios, las ejecuciones hipotecarias y las insolvencias, y para aquellos que desde la sociedad civil y numerosos ayuntamientos, de manera incansable, trabajan para detener esta lacra social. Pero es una victoria también para todos aquellos que creemos que Europa es algo más que la troika, la política de austeridad y los mercados financieros. Es una victoria de los que creemos que Europa aún tiene sentido en su función original, que es la de la creación de un espacio de entendimiento y progreso común de todos los ciudadanos. Como dice Josep Borrell, en un reciente artículo “con esta sentencia Europa ha demostrado que sirve para algo”.

El mismo 14 de marzo, horas después de esta sentencia, tenía lugar el Consejo Europeo. Un Consejo fuertemente lastrado por la aplastante mayoría conservadora en los gobiernos nacionales, y la agenda alemana de austeridad. El Consejo, en una decisión que vuelve a dar la espalda a las necesidades reales de la ciudadanía, pospuso para junio la evaluación de las políticas nacionales para favorecer el crecimiento y el empleo, así como de aplicación del Pacto de Estabilidad y Crecimiento (PEC), en lo que supone una decisión con unos enormes costes sociales. El Partido Socialista Europeo ya había hecho pública el día 27 de febrero la declaración “Por una Unión Social”, en el que proponía complementar la Unión Económica y Monetaria, así como la Unión Bancaria en curso, con una Unión Social que integre un pacto social de progreso con unos objetivos ambiciosos en materia de empleo, educación, innovación y cohesión social, en marcados en una estrategia de crecimiento.

La tercera noticia ha sido la decisión de aplicar tasas sobre los ahorros de los ciudadanos y residentes chipriotas, para pagar una parte del rescate europeo de sus bancos. Esta decisión, fuertemente contestada, supone el golpe de gracia para la credibilidad ciudadana en las instituciones europeas y un golpe de consecuencias devastadoras para el ciudadano de a pie que, en medio de la crisis, y sufriendo los impactos de ésta, aún tiene capacidad para ahorrar. Lluís Foix, en un apunte en su blog, decía acertadamente: “es del todo desproporcionado que la quita la deban pagar los más débiles mientras que los que han especulado con el dinero pierdan menos que los ahorradores medianos” y José Carlos Díez, en un artículo publicado en El País, lo define muy gráficamente al decir que “el rescate a Chipre confirma que no hay vida inteligente en Europa”.

Por convicción política y en defensa de los intereses de una inmensa mayoría de ciudadanos europeos no hemos de resignarnos a una Europa conservadora sometida al dogma de la austeridad. Si queremos cambiar de futuro, debemos cambiar Europa. Para ello es necesario concertar las actuaciones para caminar por la senda de la Europa de la protección social, de la protección de sus ciudadanos, del progreso, del bienestar y de la cultura. El sueño europeo de paz, prosperidad y progreso que inspiró a los fundadores y que en otros momentos de la historia europea nos hizo avanzar. No podemos esperar más, porque el tiempo de la Europa que conocemos, la que hemos querido y la que hemos construido, puede tener los días contados. El populismo es algo más que una anécdota política, el descrédito de las instituciones avanza y el euroescepticismo cabalga en muchos sectores a lomos de la desesperación de la ciudadanía ante la incapacidad de Europa de enderezar el rumbo. Por ello debemos apoyar a quienes en el Parlamento Europeo quieren modificar el presupuesto acordado en el Consejo Europeo. Y por ello debemos construir mayorías progresistas a nivel europeo y en cada país. La alternativa es menos Europa, más paro, más desigualdades y un negro futuro para la mayoría.