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    El mes de setembre de l'any 1977 començava la meva militància política. Aquesta pàgina recull els articles i intervencions públiques que he anat fent al llarg dels anys.
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Juncker o Schulz

JUNCKER O SCHULZ
EL SIGLO, 24.03.14

La campaña europea permite hablar de muchos temas, pero no podemos correr el riesgo de perdernos por las ramas.

El 25 de mayo podemos cambiar el rumbo de las instituciones europeas, podemos decir basta a las políticas de austeridad suicida y abrir espacio a las políticas de estímulo económico y solidaridad que nos definen a los socialistas. El 25 de mayo decidiremos la orientación de la presidencia de la Comisión Europea, democristiana o socialdemócrata. Juncker o Schulz, ésa es la disyuntiva, ésa es la decisión. Juncker representa la continuidad, y Martin Schulz es el cambio progresista.

¿Que nos conviene? Una Europa volcada en la creación de empleo. Una Europa que apueste por los jóvenes. Por una mayor integración política, económica y social. Por los derechos de las mujeres. Por la diversidad. Por una mejor democracia. Por unos bancos al servicio de las empresas y las personas, no de la especulación financiera. Por la sostenibilidad y la defensa del medio ambiente. Por una mayor capacidad de influir en las relaciones internacionales y promover la paz, los derechos y el desarrollo del mundo.

Eso es lo que nos une a todos los socialistas, socialdemócratas, laboristas y progresistas europeos. Estamos juntos en el Partido Socialista Europeo, en el grupo de los Socialistas y Demócratas en el Parlamento Europeo. Y estamos todos juntos apoyando la candidatura de Martin Schulz a la presidencia de la Comisión Europea. Sólo una victoria socialista hará posible el cambio en Europa.

La apuesta de los socialistas es inequívoca: queremos cambiar Europa y queremos decir no a las políticas de derechas en Europa, en España y Cataluña. Queremos decir no a la reforma laboral. Queremos decir no a la reforma de la Ley del Aborto. Queremos decir no a la ley Wert, a las leyes de seguridad de Fernández Díaz, a la privatización de la sanidad.

Queremos ganar las próximas elecciones en nombre y representación de las personas que han luchado tanto y que ahora ven esfumarse sus derechos; en nombre y representación de los jóvenes que merecen esperanza de presente y no vagas promesas de futuro; en nombre y representación de las mujeres, para que no vean desaparecer derechos que tanto ha costado conseguir, para que puedan alcanzar la plena igualdad salarial y laboral.

Porque el cambio empieza en Europa. Con todos los socialistas, los socialdemócratas, los progresistas europeos, trabajando juntos, unidos en la defensa de los mismos principios y valores, comprometidos con un Manifiesto común aprobado en Roma que tiene diez prioridades fundamentales: 1. El empleo. 2. El relanzamiento de la economía. 3. Poner el sector financiero al servicio de las personas y de la economía real. 4. Una Europa social. 5. Una Unión de la igualdad y de los derechos de las mujeres. 6. Una Unión de la diversidad, capaz de plantar cara al extremismo, los prejuicios, el odio y la división. 7. Una vida saludable para todos. 8. Una Europa más democrática y participativa. 9. Una Europa sostenible.10. Una Europa con mayor presencia en el mundo.

PSOE y PSC presentamos una candidatura renovada, que aúna experiencia y renovación, encabezada por Elena Valenciano, la vicesecretaria general del PSOE, con experiencia en el Parlamento Europeo y gran prestigio en el Partido de los Socialistas Europeos. Una candidatura cremallera, que alterna mujeres y hombres como expresión rotunda de un radical compromiso por la igualdad. En esa candidatura figuran de forma destacada Ramón Jáuregui o Juan Fernando López Aguilar. En ella se integra Javier López, primer candidato del PSC elegido a través de unas elecciones primarias en las que participaron más de 8.000 personas. Junto a él, Esther Niubó, responsable de la política europea del PSC y directora de la Fundació Rafael Campalans; Alejandro Colldefors, Diana Salvadó, Eduard Rivas y Rosa Orriols, activistas europeos comprometidos en la Europa social y federal que merece la pena construir.

El debat socialista

El debate socialista
EL SIGLO, 4.11.13

Los próximos 8, 9 y 10 de noviembre el PSOE celebra en Madrid su Conferencia Política, orientada a renovar el proyecto político de los socialistas, ofrecer una alternativa de gobierno a la ciudadanía, y adaptar nuestros planteamientos a las nuevas demandas sociales. Tras ocho meses de intensos debates a través de reuniones y en la red, la Conferencia Política discutirá una Ponencia Marco que ha recogido muchísimas aportaciones en un proceso abierto, transparente, participativo y dinámico.

Las tres grandes prioridades del debate son la recuperación económica y la creación de empleo, la reconstrucción del Estado del Bienestar en peligro por la acción del gobierno del PP, y la recuperación de la Igualdad en claro retroceso en España los últimos dos años.

Para ello, la Conferencia se divide en siete grandes diálogos con la sociedad: 1. El crecimiento y el empleo; 2. La economía y la fiscalidad; 3. La política y los partidos; 4. La igualdad; 5. El Estado del Bienestar; 6. La educación; 7. Europa. En ellos se tratarán las principales propuestas que hemos de presentar a la ciudadanía.

El reto de renovación que nos planteamos es de gran envergadura pues se trata de recomponer los equilibrios rotos en dos grandes cuestiones: el equilibrio entre capital y trabajo y el equilibrio entre soberanías estatales e integración europea.

Esos equilibrios rotos son los que han señalado la necesidad de renovar profundamente nuestro proyecto. La socialdemocracia, lejano ya su período dorado 1945-1975, tambaleante tras la ofensiva neoliberal de los años 80 y 90 del siglo pasado, y desconcertada ante la globalización de los mercados financieros, la deslocalización industrial y la emergencia de los antes llamados países en vías de desarrollo, tiene que demostrar, una vez más, que sus valores ampliamente compartidos se traducen en proyectos políticos viables con apoyo mayoritario. Se trata de levantar la bandera de la libertad, la igualdad y la solidaridad, de recuperar la defensa de lo común, de defender la necesidad de una fiscalidad progresiva, justa, potente, capaz de sostener los mecanismos de protección social y la actuación pública en la regulación de los mercados y de impulso a la recuperación económica, capaz de luchar contra el fraude en toda su extensión. Se trata en definitiva de defender una sociedad justa compatible con la existencia de mercados eficientes, recuperando el pacto social entre capital y trabajo que promueva al mismo tiempo progreso y equidad.

La semilla de la desregulación y la desfiscalización plantada por Thatcher y Reagan ha fructificado en un capitalismo salvaje que pisotea derechos saltándose fronteras y haciendo del mundo un escenario despiadado en el que sólo sobreviven los más fuertes a costa de explotar a quienes poco o nada tienen. Frente a la globalización neoliberal, sólo un proyecto europeo que recupere el empuje vigoroso de sus fundadores y de los estadistas que veían en Europa la oportunidad de ganar la batalla del futuro, podrá esgrimir con eficacia un modelo social que no se rinde a las exigencias de los mercados, que no renuncia a defender los derechos ciudadanos y la cohesión social, que no sacrifica sus ideales en el altar de una competitividad entendida como una desenfrenada carrera hacia salarios de miseria e ínfimos niveles de protección social. Si Europa no culmina el proceso de integración política, de coordinación de políticas económicas y fiscales, de unión bancaria, de mutualización de las deudas nacionales, con un Banco Central capaz de actuar como la Reserva Federal estadounidense, con instrumentos presupuestarios potentes para la corrección de desequilibrios y desigualdades y para el impulso al crecimiento y la reindustrialización, no podrá volver a ser referencia mundial de progreso y justicia social.

Éstos son los tremendos retos a los que nos enfrentamos. Las elecciones europeas de mayo de 2014 serán el primer test electoral al que nos someteremos, después de la renovación de nuestro compromiso. Lo haremos con un compromiso firme con Europa, y con la presentación de un candidato único para todos los socialistas europeos. Sólo una nueva correlación de fuerzas en el Parlamento Europeo, que plante cara a la hegemonía conservadora puede cambiar el rumbo y dirigir Europa hacia donde la necesitan los ciudadanos.

Una Europa contra la resignació i la vergonya

Una Europa contra la resignación y la vergüenza
EL SIGLO, 14.10.13

Cuando el pasado miércoles 9 de octubre, el primer ministro italiano, Enrico Letta, y el presidente de la Comisión Europea, José Manuel Durao Barroso, visitaron la ciudad de Lampedusa, tristemente conocida por ser el lugar donde van a morir, literalmente, las esperanzas de centenares de africanos que huyen de la miseria buscando la prosperidad europea, fueron recibidos con gritos de “vergogna” (vergüenza) por algunos de los allí presentes.

La visita se producía apenas una semana después del más trágico de los accidentes de pateras repletas sucedidos cerca de sus costas, en un naufragio en el que los cadáveres se cuentan por centenares, y apenas un día después de que los 28, reunidos en Luxemburgo en el Consejo de Ministros de Interior de la Unión Europea, fueran incapaces de avanzar en una política migratoria más humana y solidaria, tras la petición en este sentido de la delegación italiana.

El Papa Francisco, apenas unos días antes, había utilizado la misma palabra, vergüenza, para referirse tanto al naufragio como a una situación que permite cuando no promueve que sucedan. “Hablando de crisis, hablando de la inhumana crisis económica mundial, que es un síntoma grande de la falta de respeto por el hombre, no puedo dejar de recordar con gran dolor las numerosas víctimas del enésimo trágico naufragio ocurrido hoy cerca de Lampedusa”, añadía.

La crisis económica, pero también la crisis institucional y de valores afecta en especial a nuestra Europa. Una Europa que bajo el peso de la crisis económica y social, de las políticas de austeridad, de la desunión de los Estados que la integran, de la presión sobre sus fronteras de aquellos que viven permanentemente en una verdadera crisis humanitaria, está faltando a los principios fundacionales que la vieron nacer y que nos deben regir siempre. Una Europa que está perdiendo a pasos agigantados su papel central en el mundo, tanto en el punto de vista diplomático (como se ha visto en los conflictos armados de los últimos años), como desde el punto de vista económico (ante la pujanza de Asia, como bien describe Javier Solana en un reciente artículo), o desde el punto de vista institucional, especialmente desde el fracaso de la nonata Constitución europea.

Hoy Europa aparece más paralizada que nunca. Y son pocos, por desgracia, los que confían en que Europa vuelva a brillar como el punto de referencia que supuso su creación después de la segunda guerra mundial.

No debemos resignarnos a que las próximas elecciones al Parlamento Europeo sólo levanten pasiones entre los sectores euroescépticos, populistas, demagógicos, nacionalistas o soberanistas. Tampoco debemos ceder ante quienes quieren desviar el debate europeo hacia debates internos o, en el caso de Cataluña, quieren convertirlas en un ‘ensayo general’ de la consulta sobre el futuro del autogobierno. Ante problemas como los del paro o los que han llevado a la tragedia de Lampedusa, hay que alzar la bandera de un debate verdaderamente europeo.

No debemos resignarnos a que en las costas de los países del Sur mueran inmigrantes huyendo de la miseria, de la guerra, de los conflictos, ante la pasividad de las instituciones. No debemos resignarnos a no tener una posición  común ante conflictos armados que ocurren en la otra orilla del Mediterráneo (Túnez, Libia, Egipto, Siria). No debemos resignarnos al dogmatismo de la austeridad que hace recaer los costes de la crisis sobre los sectores más débiles, y menos aun cuando países como Japón o Estados Unidos están demostrando que la política de estímulos a la economía es una opción mejor.

No debemos resignarnos a tener una Europa sin voz y sin alma. Muda ante los grandes retos a los que se enfrenta la humanidad y desalmada frente a las tragedias humanas que se viven dentro y junto a sus fronteras.

Europa no debe resignarse frente a las injusticias, no debe avergonzar a los europeos, debe estar al lado de los que sufren, asegurando la cohesión social y el equilibrio territorial, así como la solidaridad con los pueblos vecinos y con más capacidad de influencia económica y geoestratégica en el mundo que viene.

Ésa es la Europa que soñaron Schuman y Monnet, la Europa federal de Spinelli y la Europa social y de la solidaridad con la que estamos comprometidos los socialistas, socialdemócratas y laboristas que integramos el Partido Socialista Europeo y la Alianza Progresista de Socialistas y Demócratas en el Parlamento Europeo.

Avenç insuficient

Avance insuficiente
EL SIGLO, 8.07.13

Los pasados 27 y 28 de junio se celebraba en Bruselas el Consejo Europeo que cierra el primer semestre del año. Un Consejo, que, como anunciaba su propia página web, tenía como objetivo la “evaluación de los esfuerzos desarrollados para impulsar la competitividad, el empleo y el crecimiento, haciendo especial hincapié en aquellas iniciativas encaminadas a fomentar el empleo juvenil y la financiación de la economía”, así como realizar “avances en la realización de la Unión Económica y Monetaria de la UE, en particular la Unión Bancaria”.

Se trataba, así, de un Consejo de suma importancia para el futuro desarrollo de las políticas europeas, de la propia Unión, y vital para España, al tocar algunos de los temas más sensibles para nuestra crisis económica. Un Consejo para ejecutar un verdadero cambio de rumbo en las prioridades y en las políticas llevadas a cabo desde Bruselas.

En este contexto, conocida fue la posición del Partido Socialista de llegar a un acuerdo con el Gobierno del Estado, y el mayor número de fuerzas políticas, para consensuar una posición común en defensa de los intereses de España, principalmente el empleo juvenil y la financiación de las pymes, así como el progreso en la agenda social, que ha de acompañar la agenda económica de la Unión.

Como decía Alfredo Pérez Rubalcaba en la sesión del Congreso de la semana pasada, este Consejo debía “certificar el cambio en la política económica europea, eso era lo que necesitaba España y eso fue lo que nos llevó a trabajar con el resto de los grupos de esta Cámara”.

Ante la enormidad de la crisis que nos acompaña desde hace ya cinco años, y a la vista del fracaso de las políticas de austeridad sin estímulos, planificadas y llevadas a cabo por el Banco Central Europeo y la Comisión, siguiendo los dictados alemanes, se hacía necesario visualizar el urgente giro que países como Estados Unidos o Japón ya están haciendo. Decía también Rubalcaba que “los socialistas no estamos contra la corrección de los desequilibrios macroeconómicos ni contra las reformas estructurales, por mucho que algunas de las que ustedes han planteado no nos gustan lo más mínimo. Lo que hemos dicho reiteradamente es que estos ajustes y estas reformas hay que acompasarlos con políticas de crecimiento y empleo…”.

El resultado del Consejo es conocido: se avanza pero no lo necesario. Un paso adelante, pero no un salto adelante. En materia de políticas de lucha contra el paro juvenil, se ha aprobado un paquete de 6.000 millones de euros, para los próximos dos años, de los cuales 2.000 serán destinados a España. No es lo necesario (las recomendaciones de la OIT hablan de 21.000 millones para toda la UE), pero supone un primer y tímido cambio de rumbo. Es necesario, ahora, reclamar a los gobiernos de España y Catalunya que trabajen para consensuar las políticas efectivas que han de incidir en que el paro juvenil deje de ser uno de nuestros dramas, con porcentajes superiores a la mitad de la población joven en edad activa.

Avance insuficiente en empleo juvenil y mismo trato para otro de los pilares de la recuperación económica: el crédito a las pymes (particularmente necesario en el caso de Cataluña, con una estructura industrial y comercial que hace de las pymes uno de nuestros ejes económicos).

Fue insuficiente, porque claramente los avances van más o menos rápido en función de si lo que se trata son políticas de crecimiento o políticas relacionadas con la Unión Bancaria. Se sigue pensando antes en los mercados que en las personas.

Avance insuficiente que pone en evidencia la necesidad de que una nueva mayoría política se ponga al frente de la Unión, tanto en el Parlamento Europeo, como en los gobiernos de los países miembros. Sólo de esta manera se podría llevar a cabo el gran salto adelante que Europa y los europeos necesitan.

Brevemente, y recogiendo las resoluciones de los socialistas europeos aprobadas en su reunión en Sofía en la que participé días antes del Consejo, debemos exigir el rápido desarrollo y con más potencia de la “Garantía Juvenil Europea”, para impulsar el empleo y las posibilidades de los jóvenes, y la necesidad de “una política industrial europea por el crecimiento y la ocupación”.

Pese a la posición común española, los resultados del Consejo dejan mucho camino por recorrer, y hace aún más necesario que ante las próximas elecciones europeas del 2014, a las que los socialistas europeos nos presentaremos con un candidato común a presidir la Comisión Europea, se produzca un vuelco en las mayorías que gobiernan la Unión.

Idees i polítiques pel canvi

IDEAS Y POLÍTICAS PARA EL CAMBIO
EL SIGLO, 15.04.13

Decía hace pocos días Josep Borrell en una conferencia en la fundación Ramón Areces que “las políticas de austeridad sin crecimiento nos llevan directamente contra la pared y debilitan el proyecto político europeo”. No le falta razón. Tras analizar la ineficacia de las políticas de ajuste y contención del déficit amparadas por Bruselas y el malestar y la contestación social que están generando, añade Borrell que “ni en Bruselas ni en Berlín parecen ser conscientes de la gravedad de la crisis social que se está produciendo y que amenaza con deslegitimar el proyecto de integración europeo”.

Josep Borrell pone el acento en dos asuntos clave en esta crisis, que dura ya más de 5 años. Primero, las medidas dictadas desde Berlín con la bendición de la Troika (Comisión Europea, Banco Central Europeo y Fondo Monetario Internacional) son totalmente ineficaces, ensanchan la brecha social, y demoran la salida de la crisis, a diferencia de las políticas de estímulo y crecimiento que desde hace tiempo la Reserva Federal estadounidense y ahora el gobierno japonés de centroderecha presidido por Shinzo Abe están poniendo en marcha. Segundo, se resiente la idea de Europa, el ideal por el que fue fundada, y aumenta la percepción que los ciudadanos europeos tienen de una Unión más orientada a defender los intereses financieros que los de los ciudadanos que la integran.

¿Qué futuro nos depara este escenario? ¿Una salida de la crisis alejados emocionalmente y/o monetariamente de Europa? ¿Un alargamiento innecesario de las medidas ineficaces que prologan la agonía económica y social? Se hace urgente un cambio profundo en la política económica que, además, comporte un nuevo contrato social. Es necesario cambiar ya, para construir un futuro distinto al que ahora mismo nos está condenando la orientación de las políticas económicas europeas.

Precisamente el premio Nobel de Economía, Joseph Stiglitz, en un artículo publicado en El País, decía que “Abe está haciendo lo que muchos economistas (me incluyo entre ellos) han estado pidiendo en EE UU y Europa: un programa integral que implique políticas monetarias, fiscales y estructurales.”

Son estas nuevas orientaciones políticas, de las que Europa carece, las que pueden permitir perfilar un horizonte diferente. Japón, con un escenario económico de larga recesión en los últimos años, puede convertirse, como dice Stiglitz, en “uno de los pocos rayos de luz en el sombrío paisaje de países más avanzados”.

Debemos aprender de quienes están acertando como muestra también de que hay alternativas, como demostración de que la crisis no es ni inmutable, ni permanente, ni invencible. Hay que combatir la sensación de que contra la crisis no cabe más que y plegarse a las exigencias económico-financieras impuestas por la austeridad dogmática de cuño alemán.

Si debemos cambiar de futuro, hemos de aprender de las lecciones estadounidenses y japonesas, y debemos cambiar el signo político de la mayoría de gobiernos europeos y de la Eurocámara. Para ello necesitamos un Partido Socialista Europeo fuerte, con ideas, con un liderazgo reconocido y reconocible, como el que podría proporcionar el actual presidente del Parlamento Europeo Martin Schulz, que podría ser el candidato común de los socialistas, socialdemócratas y laboristas a la presidencia de la Unión Europea.

Junto al liderazgo precisaremos de ideas, ambición política y audacia, como la demostrada por el candidato a canciller de Alemania por el SPD, Peer Steinbrück, en plena precampaña electoral para batir a Angela Merkel, cuando ha lanzado un ambicioso plan de 8 puntos para combatir los paraísos fiscales, o como las del presidente François Hollande que acaba de declarar la guerra a los paraísos fiscales, a la alta delincuencia financiera, a los defraudadores franceses y europeos, y a los bancos que con una mano niegan el crédito en casa y con la otra transfieren la riqueza a países con tributación reducida.

Si queremos cambiar de futuro, hay cambiar de modelo. Y eso sólo puede hacerse desde una opción intelectual, política y social sólida frente al actual dominio liberal conservador. Reconozcámosle a Margaret Thatcher el mérito de creer en la fuerza de las ideas y en la capacidad de la política para transformar la sociedad e impulsar el cambio de los valores individuales y colectivos, y seamos capaces de emularla defendiendo unos planteamientos diametralmente opuestos a los suyos para construir una Europa social que pueda reconciliarse con los intereses y aspiraciones de la mayoría de los europeos, poniendo la economía al servicio de las personas y no a la inversa que es lo está sucediendo ahora.

Canviar de futur, canviar Europa

Cambiar de futuro, cambiar Europa
EL SIGLO, 25.03.12

En un breve espacio de tiempo han coincidido tres noticias de ámbito europeo. El 14 de marzo, el Tribunal de Justicia de la Unión Europea (TJUE), emitía una sentencia que declaraba abusiva la legislación hipotecaria española. En la nota hecha pública por el Tribunal de Luxemburgo se dice “La normativa española, que impide al juez que es competente para declarar abusiva una cláusula de un contrato de préstamo hipotecario suspender el procedimiento de ejecución hipotecaria iniciado por otra vía, es contraria al Derecho de la Unión”.  Claro y rotundo.

Esta sentencia supone un triunfo no sólo para el caso objeto de sentencia, sino también para todas aquellas personas que están hoy día viviendo en primera persona el drama de los desahucios, las ejecuciones hipotecarias y las insolvencias, y para aquellos que desde la sociedad civil y numerosos ayuntamientos, de manera incansable, trabajan para detener esta lacra social. Pero es una victoria también para todos aquellos que creemos que Europa es algo más que la troika, la política de austeridad y los mercados financieros. Es una victoria de los que creemos que Europa aún tiene sentido en su función original, que es la de la creación de un espacio de entendimiento y progreso común de todos los ciudadanos. Como dice Josep Borrell, en un reciente artículo “con esta sentencia Europa ha demostrado que sirve para algo”.

El mismo 14 de marzo, horas después de esta sentencia, tenía lugar el Consejo Europeo. Un Consejo fuertemente lastrado por la aplastante mayoría conservadora en los gobiernos nacionales, y la agenda alemana de austeridad. El Consejo, en una decisión que vuelve a dar la espalda a las necesidades reales de la ciudadanía, pospuso para junio la evaluación de las políticas nacionales para favorecer el crecimiento y el empleo, así como de aplicación del Pacto de Estabilidad y Crecimiento (PEC), en lo que supone una decisión con unos enormes costes sociales. El Partido Socialista Europeo ya había hecho pública el día 27 de febrero la declaración “Por una Unión Social”, en el que proponía complementar la Unión Económica y Monetaria, así como la Unión Bancaria en curso, con una Unión Social que integre un pacto social de progreso con unos objetivos ambiciosos en materia de empleo, educación, innovación y cohesión social, en marcados en una estrategia de crecimiento.

La tercera noticia ha sido la decisión de aplicar tasas sobre los ahorros de los ciudadanos y residentes chipriotas, para pagar una parte del rescate europeo de sus bancos. Esta decisión, fuertemente contestada, supone el golpe de gracia para la credibilidad ciudadana en las instituciones europeas y un golpe de consecuencias devastadoras para el ciudadano de a pie que, en medio de la crisis, y sufriendo los impactos de ésta, aún tiene capacidad para ahorrar. Lluís Foix, en un apunte en su blog, decía acertadamente: “es del todo desproporcionado que la quita la deban pagar los más débiles mientras que los que han especulado con el dinero pierdan menos que los ahorradores medianos” y José Carlos Díez, en un artículo publicado en El País, lo define muy gráficamente al decir que “el rescate a Chipre confirma que no hay vida inteligente en Europa”.

Por convicción política y en defensa de los intereses de una inmensa mayoría de ciudadanos europeos no hemos de resignarnos a una Europa conservadora sometida al dogma de la austeridad. Si queremos cambiar de futuro, debemos cambiar Europa. Para ello es necesario concertar las actuaciones para caminar por la senda de la Europa de la protección social, de la protección de sus ciudadanos, del progreso, del bienestar y de la cultura. El sueño europeo de paz, prosperidad y progreso que inspiró a los fundadores y que en otros momentos de la historia europea nos hizo avanzar. No podemos esperar más, porque el tiempo de la Europa que conocemos, la que hemos querido y la que hemos construido, puede tener los días contados. El populismo es algo más que una anécdota política, el descrédito de las instituciones avanza y el euroescepticismo cabalga en muchos sectores a lomos de la desesperación de la ciudadanía ante la incapacidad de Europa de enderezar el rumbo. Por ello debemos apoyar a quienes en el Parlamento Europeo quieren modificar el presupuesto acordado en el Consejo Europeo. Y por ello debemos construir mayorías progresistas a nivel europeo y en cada país. La alternativa es menos Europa, más paro, más desigualdades y un negro futuro para la mayoría.

Aixecar Europa

LEVANTAR EUROPA
EL SIGLO, 24.12.12

La crisis económica y financiera, iniciada el 2008, ha supuesto para la socialdemocracia en Europa, una prueba de fuego en muchos aspectos no superada. La ausencia de gobierno económico común y el propio diseño institucional del euro y el BCE no han sido un marco idóneo para afrontar esa prueba desde una perspectiva de izquierdas. Muchos han sido los gobiernos socialistas que han perdido las elecciones por no haber sabido ni prever ni luchar adecuadamente contra la crisis.

En estos cuatro años, Europa ha seguido la línea alemana de austeridad y limitación de gasto, frente a las políticas de reactivación económica seguidas por la administración Obama y la reserva federal en los Estados Unidos. Hoy, Estados Unidos ve bajar su índice de paro y recupera indicadores económicos y señales de recuperación vitales, mientras Europa sigue estancada, y países como Grecia y Portugal son asfixiados por las duras condiciones impuestas.

Europa es hoy, por tanto, menos justa, menos equitativa, y sus ciudadanos ven cómo los mercados y entidades financieras reciben mayor protección que los afectados por la crisis. Ante este escenario, es de imperiosa necesidad que la política económica europea dé un giro de 180 grados, para enderezar el rumbo, y de paso, recuperar el prestigio de las instituciones europeas. La Europa que se diseñó y construyó para unir en la paz, debe ser hoy la Europa que se una en la justicia social y el progreso. Necesitamos levantar el ánimo de los europeos y para ello, como dicen los jóvenes socialistas europeos en su campaña Rise up, es hora de levantar Europa.

Es necesario este giro inminente porque, cuatro años después, la crisis aun perdura y las soluciones a la misma serán muy diferentes dependiendo de quiénes las impulsen. Un Consejo Europeo dominado por seguidores del dogma de la austeridad, así como una mayoría de países con gobiernos de centro derecha son la mejor garantía de que todo continuará igual y la mayoría de los europeos se verá perjudicada por ello. En cambio, una innovación del paradigma socialdemócrata, corrigiendo los errores cometidos al afrontar la crisis, es la mejor garantía de realizar políticas de reactivación económica y protección social.

La izquierda europea empieza a reaccionar. Primero fue la renovación laborista británica encabezada por Ed Miliband. Después la victoria de François Hollande, designado candidato en un proceso de primarias abiertas, que ha empezado a aplicar un programa de estímulos económicos defendiendo las líneas rojas del estado del bienestar. Siguió la designación de Peer Steinbrück como candidato del SPD a la cancillería alemana que abre perspectivas de cambio en el país que está dictando las fracasadas políticas de austeridad y que celebrará elecciones el próximo otoño. Acabando con la elección en Italia de Pier Luigi Bersani, también a través de un exitoso proceso de primarias abiertas, con la voluntad de ofrecer una alternativa clara tanto al populismo berlusconiano como a la deriva tecnocrática y conservadora avalada por Bruselas.

Socialistas catalanes y españoles también tenemos la responsabilidad de renovar e innovar nuestro proyecto político y recuperar la confianza ciudadana en nuestras propuestas para albergar expectativas de cambio. Estamos ante un momento crucial. La izquierda europea debe presentar una alternativa creíble a las políticas neoliberales ciegamente sometidas a los mercados. Una opción sólida e ilusionante que sea capaz de recoger las exigencias ciudadanas de más democracia, mejor política y justicia social.

El próximo año estará marcado políticamente por las elecciones italianas y alemanas, que serán el pórtico a las elecciones europeas de junio de 2014. Los socialistas europeos hemos de empezar a preparar ya esa cita electoral, reforzando el Partido Socialista Europeo que debe ir dejando de ser una instancia de coordinación para convertirse en un actor político por derecho propio, siendo capaces de trasladar a la ciudadanía el ingente trabajo del grupo de la Alianza progresista de Socialistas y Demócratas en el Parlamento Europeo y aprovechando el liderazgo del presidente Martin Schulz en la Eurocámara. Con un programa común y un candidato común a la Presidencia de la Comisión Europea, los socialistas, socialdemócratas y laboristas europeos podemos ser el gran instrumento para construir la Europa social y federal tan necesaria para devolver a los europeos la confianza en la Unión Europea y la esperanza de un futuro mejor.